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Opera IV: Latericium, Testaceum et Mixtum

 

¿Echabais de menos las técnicas constructivas romanas? Ha pasado un tiempo, pero no las olvidamos, y debemos seguir, aunque en esta ocasión teniendo como especial protagonista al todopoderoso ladrillo. En este cuarto artículo sobre las Opera, repasamos las letras L y M (junto con la infiltrada letra T). 

 

Opus Latericium: del latín later ("ladrillo crudo"), consistía primeramente en levantar dos muros o paramentos a base de ladrillos triangulares crudos; en los extremos, ambos paramentos quedaban unidos por grandes ladrillos (besales), formándose así una suerte de "caja" vacía, sobre la que, finalmente, podía verterse el opus caementicium fresco. Tras su secado, el muro de ladrillos quedaba fraguado, con un núcleo sólido de hormigón. Lógicamente, para que la operación tuviese éxito, era necesario que el muro tuviese pocas hiladas de ladrillo en altura, para evitar el desmoronamiento, pero una vez fraguado, la altura del muro podía seguir aumentando.

Esquema básico con la técnica de inserción de los ladrillos sobre el núcleo de hormigón (imagen de https://images.adsttc.com/media/images/5e68/dbb6/b357/658e/fb00/050c/large_jpg/paredes_opus_latericium.jpg?1583930223)
 

La facilidad y rapidez en su construcción, así como el reducido coste de los materiales, convirtió a esta técnica en las más ampliamente utilizada a lo largo de casi todo el Imperio Romano (si bien es cierto que las evidencias arqueológicas aportadas por Coarelli nos muestran usos del ladrillo desde el s. II a.C.). Como nota distinta, se sabe que en tiempos de Septimio Severo empezaron a utilizarse ladrillos de tipo bipedalis (60 x 60 cm) y sesquipedalis (45 x 45 cm), rotos irregularmente por una, dos o tres caras para favorecer el agarre en el hormigón.

Ejemplos:

  • Insula de Ara Coeli, Roma (s. II. d.C.): uno de los más famosos (y a la vez escasísimos) ejemplos de vivienda romana en plantas que ha pervivido hasta nuestra época. Descubierto en 1926, actualmente se conservan seis plantas del edificio, estando la planta baja y la primera planta a nueve metros de profundidad respecto al actual nivel de la calle.
Parte visible de la insula desde la calle, con la escalinata que asciende hacia la basílica de Santa María in Aracoeli a la derecha (fotografía propia)

  • Domus Augustana, Roma (92 d.C.): el mayor complejo palaciego levantado en la colina Palatino. Concretamente, el espacio de la imagen era un punto de conexión entre los espacios de la Domus Flavia (parte pública del palacio) y la Domus Augustana propiamente dicha (parte privada).
Una de las muchas estancias del palacio de Domiciano, donde se puede observar el núcleo de hormigón que ocultan los muros de ladrillos (fotografía propia)

  • Mercados de Trajano, Roma (comienzos del s. II d.C.): dispuesto en seis niveles con una planta semicircular, este complejo comercial albergaba hasta 150 tiendas. Una teoría sugiere que el enorme volumen de ladrillos empleados en la construcción se debe a la acumulación de este material en tiempos de Domiciano, quien ya habría proyectado la idea de construir un gran recinto foral en este espacio, y por ello Trajano decidió acometer la empresa.
Visión parcial de la exedra norte de los mercados del foro de Trajano (fotografía propia)

Opus Testaceum: muy similar a la anterior técnica (de hecho se tiende a confundirlas o a considerar a una como sinónimo de la otra); la diferencia básica reside en que se emplean testae ("ladrillos cocidos").

Ejemplos:

  • Puente de la Alcantarilla, Mérida (época augustea): cruzando un pequeño arroyo en la ruta que conducía hacia Olisipo (Lisboa), la bóveda de ladrillo resultante se combina en una fábrica de mampostería de cuarcitas; el aparejo de esta bóveda sigue un esquema único a soga y tizón.
Arco en opus testaceum para este puente emeritense (imagen de https://www.amigosmuseoromano.es/wp-content/uploads/2021/10/Alcantarilla_2021_001.jpg)

  • Muros de la casa del Anfiteatro, Mérida (finales del s. I d.C.): localizada fuera de las murallas de la ciudad, se trata de un complejo doméstico de gran extensión con habitaciones articuladas en torno a un patio porticado.
Pueden observarse tanto el núcleo de hormigón de los muros de ladrillo como el revestimiento en estuco que ocultaba las hiladas para la decoración interior (imagen de https://www.miextremadura.com/noticias/turismo/246-casa-del-anfiteatro-merida.html)
 
  • Muros de las termas romanas de Viminacium, a 12 km de Stari Kostolac, Serbia (ss. I-VI d.C.): el periodo de ocupación de esta ciudad romana fue muy prolongado en el tiempo, y sin duda se han hallado numerosos tesoros y elementos de interés en las excavaciones de este yacimiento desde el s. XIX, pero para esta publicación nos conformaremos con mencionar la fábrica cerámica en los muros de sus termas.
Detalle de uno de los muros de estas termas (imagen de https://www.researchgate.net/profile/Emilija-Nikolic/publication/303371881/figure/fig10/AS:363761362849812@1463738875937/Opus-testaceum-of-Viminacium-thermae-wall-Photo-by-the-author.png)


Opus Mixtum (también compositum o vaggecum): como su propio nombre indica, era una técnica constructiva que mezclaba distintos materiales y soluciones, obteniéndose un resultado muy original; su uso comenzó en tiempos de Tiberio, aunque llegado el gobierno de Adriano empezó a caer en desuso, si bien todavía pervivió en ámbito provincial durante la dinastía de los Severos. Dos eran las posibles combinaciones:

  1. Opus Latericium con Opus Reticulatum.
  2. Opus Testaceum con Opus Vittatum.

Esquema básico con la técnica de superposición de opus reticulatum con hiladas de opus latericium (imagen de https://images.adsttc.com/media/images/5e68/dc74/b357/658e/fb00/050f/slideshow/paredes_opus_mixtum.jpg?1583930415)

Además de que las hiladas de ladrillo cumplan una función estética, también protegen a la estructura de la humedad que podría propagarse por capilaridad en las juntas del hormigón, además de reforzar la cohesión global del paramento.

Ejemplos:

  • Letrinas de Ostia: uno de los numerosos ejemplos de letrinas públicas que se han conservado en el yacimiento de Ostia, donde se puede observar un excelente paramento de opus mixtum, con opus latericium focalizado en hiladas horizontales y como refuerzo en las esquinas de los muros.
Detalle de los muros que combinan ambas técnicas en las letrinas del yacimiento de Ostia Antica (imagen de https://www.manbos.com/photos/santelmo/main/1657_v6d7y6j3bo.jpg)

  • Muro con toba volcánica en Herculano (s I d.C.): uno de los muchos ejemplos de este opus mixtum que podemos encontrar en la famosa ciudad del Vesubio; concretamente, corresponde con los muros del aula absidial dentro del complejo de la gran palestra de la ciudad. 
Pueden observarse las hiladas de ladrillo alternas con bloques de toba en los dos muros laterales del aula (fotografía propia)

Fuentes:

Plinio el Viejo: Naturalis Historia.

Vitrubio: De Architectura.

Bibliografía:

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Blake, M. E. (1947): Ancient Roman Construction in Italy from the Prehistoric Period to Augustus, Washington D.C., Carnegie Institute of Washington.

Camporeale, S. et al. (2008): Arqueología de la construcción, Madrid, CSIC.

Fulvio Giuliani, C. (1990): L’edilizia nell’antichità, Roma, NIS.

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Gros, P. (1996): L’architecture romaine. Du debut du IIIe siècle av. J.-C. à la fin du Haut-Empire, 1, Les monuments publics, Paris, Picard.

Lugli, G. (1957): La tecnica edilizia romana con particolare riguardo a Roma e Lazio, 2 vols., Roma, G. Bardi.

Macaulay, D. (1974): City. A Story of Roman Planning and Construction, Boston, Houghton Mifflin Company.

MacDonald, W. L. (1965): The Architecture of the Roman Empire, New Haven, Yale University Press.

Malacrino, C. G. (2010): Constructing the Ancient World. Architectural Techniques of the Greeks and Romans, Los Angeles, J. Paul Getty Museum.

Pizzo, A. (2007-2008): “El análisis de la arquitectura romana. Cuestiones metológicas y propuesta para el estudio de los aspectos tecnológicos”, AnMurcia, 23 y 24, 75-88.

(2010): "El opus testaceum en la arquitectura pública de Avgvsta Emerita", Archivo Español de Arqueología, 83, 147-174.

(2010): “Propuesta para la documentación y clasificación de las técnicas constructivas romanas”, Arqueología de la Arquitectura, 7, 277-286.

Plaza Escudero, L. de la, Lizasoain Hernández, F. J. y Martínez Murillo, J. M. (2020): Guía visual de la arquitectura en el Mundo Antiguo, Madrid, Cátedra.

Rico, C., Roldán Gómez, L. y Bendala Galán [coords.] (1999): El ladrillo y sus derivados en la época romana, Madrid, Casa de Velázquez.

Roth, L. M. (1993): Understanding Architecture. Its Elements, History and Meaning, Boulder, Westview Press.

Wayman, E. (16/11/2011): “The Secrets of Ancient Rome’s Buildings”, en smithsonian.com

Opera III: Incertum et Isodomum

Seguimos con nuestro recorrido por las técnicas constructivas romanas, tan amplias y variadas; en este tercer artículo sobre las Opera, repasamos la letra I

 

Opus Incertum: con el significado latino de “irregular”, se trata de una técnica que emplea sillares de tamaño y forma diversos para ser dispuestos como revestimiento en el muro de opus caementicium siguiendo un patrón aleatorio; para ello, dichos sillares debían contar con una parte en forma de cono o pirámide, que era la que se fijaba como un clavo en el núcleo de hormigón. Su uso se remonta al s. II a.C. (en algunos casos hasta el s. III a.C.), siendo poco a poco sustituido por el opus reticulatum hacia mediados del s. I a.C., técnica con formas más estéticas y propia de un mayor presupuesto económico. Se entiende así que el incertum, por sus formas menos "estéticas", quedase relegado en los tiempos posteriores a construcciones menores o ambientes más rústicos y/o provinciales, como edificios privados de poco voladizo o terrazas para pendientes.

Durante su existencia la técnica varió sutilmente, partiendo de una disposición de los sillares más esmerada y plana, cambiando después hacia una nivelación de la superficie del muro, la reducción del grosor de hormigón o la selección de piedras que, poco a poco tomaban formas y dimensiones más regulares. En ese punto, cuando las piedras se asemejan unas a otras y el grosor de la capa de cemento es mínimo, cuando el opus incertum se torna en un opus quasireticulatum. También podemos encontrar una variante llamada Opus Mixtum Incertum, en la que se alterna el uso de hiladas de piedras irregulares con hileras de ladrillo, si bien fue más encuentre esta técnica combinada con el opus reticulatum.

 

Ejemplos:

  • Terrazas del santuario de Júpiter Anxur[1], en el monte Sant’Angelo de Terracina (ca. 100-70 a.C.): la gran terraza sobre la que descansaba el templo se construyó para salvar el desnivel del terreno; al oeste de la misma una escalera nos lleva a tres salas abovedadas, que son antesala de unos corredores subterráneos y el criptopórtico. 
Flanco oriental de la terraza del santuario (imagen de https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/3f/TerracinaTempioGioveAnxur4.jpg)

  • Muro de vivienda en la colonia de Alba Fucens, al norte de Avezzano (comienzos s. I a.C.): ciudad fundada a finales del s. IV a.C. en territorio de los marsios.
Se aprecia perfectamente cómo las piedras irregulares revisten el núcleo de hormigón (imagen de https://live.staticflickr.com/4137/4752749677_cd8a29c834_b.jpg)

  • Muro y contrafuertes del santuario de Fortuna Primigenia en Palestrina (finales del s. II a.C.): se aprecia cómo en las esquinas de los contrafuertes el muro fue rematado con pequeños bloques de toba como refuerzo y contención. Igualmente, en algunos tramos de este muro se ha probado el uso de un cubrimiento de estuco, que daba una mayor vistosidad que el incertum.
Desde esta terraza inferior se inician dos rampas que se juntan en el centro de la terraza superior (imagen de https://live.staticflickr.com/7185/6794950242_4908e89445_z.jpg)
 

Opus Isodomum: traducido del latín como “igual altura”, también es conocido como insertum, aunque el nombre más famoso es el de Opus Quadratum Isodome. En esta técnica se empleaban bloques de piedra (sillares) cortados de forma regular, con la misma altura (y a veces la misma longitud)[2] y encuadrados perfectamente para formar un muro. En la disposición de esos sillares podían seguirse tres variantes:

  1. Modo etrusco: bloques ligeramente desiguales con discontinuidades en las juntas; se conservan ejemplos en embalses, podios de templos, sótanos… 
  2. Modo griego: bloques colocados en dos rotaciones para añadir resistencia a la estructura y asegurar que las uniones entre bloques estén centradas sobre los bloques de la fila inferior. 
  3. Modo romano: se emplea opus caementicium para soldar los sillares.

Fue un método muy utilizado en edificios públicos (templos, teatros, anfiteatros…), pero como ya hemos mencionado, no se trata de un ingenio romano. A modo de ejemplo, los griegos lo emplearon en muchas construcciones, como el Partenón. Vitrubio (II, 8) lo describe de la siguiente forma: “un muro se llama isodomum cuando todas las hileras tienen la misma altura”. Afirma también que los sillares se unían con argamasa, aunque también existía la opción de emplear grapas metálicas, fijadas con plomo fundido.  Para fortalecer este muro debía tenerse cuidado en que los extremos de los sillares en hileras alternas no coincidieran.

El isodomum completamente regular era algo raro de ver en las provincias, donde podemos localizar sillares de la misma altura, pero no de la misma longitud. También existió un Opus Pseudoisodomum, descrito por Vitrubio como un muro en el que las hileras de sillares no coinciden, sino que discurren de manera desigual, en alusión a su altura y longitud.

Dibujo esquemático que muestra la diferencia entre las técnicas isodomum y pseudoisodomum (imagen de https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Opera_Isodoma.jpg)
 

Ejemplos:

  • Podio del templo de Júpiter Óptimo Máximo en el Capitolio, Roma (s. VI a.C.)
Se aprecia en este caso tan antiguo la inexistencia de un núcleo de hormigón (fotografía propia)

  • Templo de Augusto en Pula (ca. 2 a.C. – 14 d.C.): uno de los templos mejor conservados fuera de Italia junto a la Maison Carrée, donde se aprecia muy bien la factura de opus isodomum/quadratum en la parte posterior del edificio.
Una factura impecable en este "pequeño" pero importante templo tetrástilo, con columnas corintias que alcanzan los 8 metros de altura (imagen de https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/f/f3/Temple_of_Augustus%2C_Colonia_Pietas_Iulia_Pola_Pollentia_Herculanea%2C_Histria_%2810403942986%29.jpg)

  • Muro exterior de la Crypta Balbi (época augustea): probablemente perteneciente a las estructuras del pórtico del teatro.

Una muy recomendable visita, prácticamente en solitario, de una de las cuatro sedes del Museo Nacional Romano (fotografía propia)


Fuentes:

Plinio el Viejo: Naturalis Historia.

Vitrubio: De Architectura.

Bibliografía:

Adam, J. P. (1994): Roman Building. Materials and Techniques, Bloomington, Indiana University Press.

Blake, M. E. (1947): Ancient Roman Construction in Italy from the Prehistoric Period to Augustus, Washington D.C., Carnegie Institute of Washington.

Camporeale, S. et al. (2008): Arqueología de la construcción, Madrid, CSIC.

Fulvio Giuliani, C. (1990): L’edilizia nell’antichità, Roma, NIS.

González Tascón, I. y Velázquez, I. (2004): Ingeniería romana en Hispania. Historia y técnicas constructivas, Madrid, Fundación Juanelo Turriano.

Gros, P. (1996): L’architecture romaine. Du debut du IIIe siècle av. J.-C. à la fin du Haut-Empire, 1, Les monuments publics, Paris, Picard.

Lugli, G. (1957): La tecnica edilizia romana con particolare riguardo a Roma e Lazio, 2 vols., Roma, G. Bardi.

Macaulay, D. (1974): City. A Story of Roman Planning and Construction, Boston, Houghton Mifflin Company.

MacDonald, W. L. (1965): The Architecture of the Roman Empire, New Haven, Yale University Press.

Malacrino, C. G. (2010): Constructing the Ancient World. Architectural Techniques of the Greeks and Romans, Los Angeles, J. Paul Getty Museum.

Pizzo, A. (2007-2008): “El análisis de la arquitectura romana. Cuestiones metológicas y propuesta para el estudio de los aspectos tecnológicos”, AnMurcia, 23 y 24, 75-88.

(2010): “Propuesta para la documentación y clasificación de las técnicas constructivas romanas”, Arqueología de la Arquitectura, 7, 277-286.

Wayman, E. (16/11/2011): “The Secrets of Ancient Rome’s Buildings”, en smithsonian.com



[1] Anxur era el nombre volsco de la ciudad de Terracina, así como una alusión a la divinidad Anxurus, que no era sino una representación juvenil e imberbe del Júpiter volsco.

[2] Los sillares de mayor tamaño podían alcanzar los 70 x 40 x 40 cm.

Opera II: Caementicium et Craticium

Continuamos nuestras publicaciones dedicadas a las técnicas constructivas romanas; en este segundo artículo sobre las Opera, repasamos la letra C.


Opus Caementicium: el término procede del latín caementum, con el significado de "escombro" o "piedra sin tallar", del que luego surgirían palabras castellanas como “cemento”. Y es que precisamente se trata de eso, de un mortero o argamasa al que se le añadían piedras/guijarros/arena de todo tipo (de escombros, por ejemplo[1]). Su uso comenzó aproximadamente en torno al 150 a.C., probablemente siendo el resultado de una aculturación grecoetrusca. Dada la maleabilidad de esta técnica constructiva, su uso podía ser muy variado:

  1. En solitario, para tapar fisuras, por ejemplo. 
  2. Dándole forma con la ayuda de un encofrado de madera, lo que permitía hitos arquitectónicos como una cúpula o bóvedas de una sola pieza, pero también soluciones más pragmáticas, como canales subterráneos de acueductos. 
  3. Para rellenar espacios vacíos entre paredes o bóvedas, o dicho de otro modo, encofrado perdido, porque luego quedaba oculto por un revestimiento de opus quadratum, vittatum o reticulatum en su mayoría. A medida que se crecía en la altura del muro, los obreros podían poner hiladas de ladrillos que iban de lado a lado en lo ancho del muro, permitiendo trabar ambos lados exteriores; con ello se mantenía una distancia constante y aumentaba la resistencia.

El hormigón romano contaba con ventajas obvias. De entrada, podía ser menos pesado que la roca, pero además, dada la rapidez de aplicado, su resistencia, durabilidad, multiplicidad de soluciones/formas y su bajo coste, no es de extrañar que muy pronto se extendiese a cada rincón del imperio. Por ello, representa el mayor logro constructivo de esta civilización, hasta el punto de que todavía hoy algunos ejemplos resisten al paso del tiempo. Su única desventaja es estética, y como ya hemos mencionado, los romanos preferían ocultarlo bajo un revestimiento de materiales más nobles o vistosos, desde mármoles y sillares hasta estuco con pintura. 

¿Pero cuál era la fórmula mágica creada por los romanos para la resistencia de este hormigón? En realidad es perfectamente conocida, y consiste en una mezcla de cal viva (rocas quemadas en horno para obtener hidróxido de calcio), agua, un conglomerado de cantos pequeños o guijarros de cualquier tipo (preferiblemente toba), y puzolana, es decir, arenas volcánicas de un color amarillo-marrón-gris que se obtenían de manera natural en Puteoli (actual Pozzuoli, Nápoles). Concretamente Vitrubio nos ofrece dos combinaciones según la necesidad:

  • Una proporción de 1 parte de cal y 3 partes de puzolana para los morteros estructurales de edificios. 
  • Una proporción de 1 parte de cal y 2 de puzolana para conseguir el Pulvis Puteolanus, es decir, hormigón hidráulico para trabajos bajo el agua, pues esta mezcla les permitió comprobar que reaccionaba muy bien al contacto con agua marina.

No obstante, es necesario romper el mito sensacionalista de que el hormigón romano era mejor que el hormigón moderno. Se trata de dos cosas totalmente distintas. 

El principio de mezcla no ha variado en siglos, y para obtener hormigón se sigue necesitando una reacción química fruto de combinar un aglomerante (actualmente el cemento Portland[2]) y un aglomerado (áridos y piedras de distintos tamaños[3]), sumado a cierta cantidad de agua. Con ello se obtiene hormigón de masa, pero en la actualidad también se puede obtener hormigón armado incluyendo en el mortero barras de acero de refuerzo, haciéndolo más resistente que el opus caementicium; además, la resistencia también es mayor actualmente por contar con escorias de altos hornos, cenizas volantes y humos de sílice. Pruebas de comprensión dan al hormigón moderno una resistencia de nivel 50 MPa[4] (diez veces mejor que la fórmula previa a 1860). 

Por contra, el hormigón romano en masa es más duradero; es cierto que, una vez fraguado, tenía poca plasticidad, resultando quebradizo ante enormes tensiones de tracción, pero solo podemos teorizar porque no existen datos mecánicos comparables para la antigüedad, y solo se puede deducir en base a la fisura de cúpulas y bóvedas de edificios romanos milenarios. En un entorno como la Península Itálica, tan propensa a los terremotos, algunas partes de edificios se desplazaron ligeramente por la actividad sísmica, adaptándose a las tensiones y mejorando la resistencia de la estructura, y eso solo podía ser posible con materiales flexibles como el ladrillo y el hormigón. La resistencia a la tracción variaría según la relación agua/mortero, cuya proporción antigua es imposible de precisar con exactitud.

La clave del mito se basa fundamentalmente en el hormigón hidráulico: resulta que este opus caementicium contenía altas cantidades de alúmina y sílice, pero ante todo la combinación de agua marina, puzolana (que contiene phillipsita) y cal viva generaba tobermorita, un cristal aluminoso que resiste a las fracturas. Dicho de otro modo: si se abrían fisuras por el paso del tiempo, la penetración de agua marina las cicatrizaría, lo que ha dado a este hormigón la etiqueta de “material de construcción más duradero en la historia de la humanidad”[5]. Si lo comparamos, el hormigón moderno expuesto prolongadamente al agua marina termina deteriorándose en décadas por perder alcalinidad y carbonatarse. La moda actual es intentar recurrir al hormigón romano como sustituto del primero, tanto por su longevidad como por su menor huella ambiental; esto se debe a que el hormigón con cenizas volcánicas (y no el de cenizas volantes de carbón) puede costar hasta un 60 % menos, porque la temperatura de cocción es más baja y su vida útil más larga.

 

Ejemplos:

  • Panteón de Agripa: puede que sea el ejemplo más famoso y espectacular, en el que se emplea hormigón tanto para sus muros como para la increíble cúpula de casetones, y además de una forma muy original, pues mientras que el hormigón de la base de la cúpula tiene una mezcla de travertino (que le da una densidad de 2200 kg/m³), en el anillo que rodea al óculo superior se emplearon capas alternas de toba ligera y piedra pómez (con una densidad de 1350 kg/m³). 
Disposición de los casetones y óculo central en la cúpula de hormigón diseñada en tiempos de Adriano (fotografía propia)

  • Puerto de Cesarea Marítima: Herodes el Grande utilizó el opus caementicium para construir un puerto artificial a una escala enorme, y eso fue posible porque el hormigón romano podía fraguar bajo el agua. 
Restos visibles del puerto de Herodes en el yacimiento arqueológico de Cesarea Marítima (imagen de https://www.lavanguardia.com/files/article_main_microformat/uploads/2020/09/28/5f720a329fdad.jpeg)

 
  • Muros del teatro de Mérida: este es un claro ejemplo de cómo abaratar costes de construcción para un edificio monumental, empleándose el hormigón para los muros y las bóvedas que sustentan las gradas, si bien, por tratarse de un escaparate del poder imperial, luego fue revestido con hermosos sillares. 
Se aprecia perfectamente los componentes del aglomerado romano, a base de diversos tipos de guijarros, quedando todo cubierto por opus quadratum (fotografía propia)

 
  • Bóveda del circo de Tarragona: también para sustentación de graderío y de los 25.000 espectadores de aquella época, y después de tantos siglos sirviendo como cimentación de las viviendas que se distribuyen en la actual Plaça de la Font.
Bóveda de opus caementicium del circo de Tarraco (imagen de https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/0/01/Tarragona_-_Circo_romano_11.JPG)


  • Puerto de Cosa: esta antigua colonia latina contaba con un puerto datado en torno al 273 a.C., lo que le convierte en el primer puerto romano que la arqueología ha documentado hasta ahora, pero los restos de los muelles o rompeolas fabricados en opus caementicium evidencian entre los guijarros el uso de fragmentos de ánforas Dressel tipo I, lo que implica un hormigón hidráulico de los siglos II-I a.C. que aún resiste en su sitio tras más de 2000 años.

Parte del rompeolas del puerto de Cosa, en la actual Orbetello (imagen de https://www.ancientportsantiques.com/wp-content/uploads/2011/08/IMG_0238.jpg)

Opus Craticium (de craticius, "emparrillado", "enrejado"): consistía en muros construidos con balastro y barro aprisionados entre tablas de madera; estas tablas formaban una rejilla de montantes y traviesas, sobre las que se vertía dicha argamasa, quedando todo tapado por yeso. De esta forma, rápida y barata, se obtenían tabiques ligeros de construcción, aunque el mismo Vitrubio ya advertía el inconveniente de la madera al secarse, hincharse o pudrirse por la humedad, pues provocaba fracturas en el yeso, por no mencionar los inevitables riesgos de incendio. Pero claro, dada su ligereza era una técnica muy usada para los pisos superiores de viviendas, lo que obviamente implica que hayan desaparecido de muchos yacimientos arqueológicos.

Existe cierta confusión académica porque el opus craticium también ha sido usado para identificar una técnica de construcción basada en un marco de madera con relleno de piedras de mortero (opus incertum). Y por supuesto, no es una técnica de creación romana, pues encontramos ejemplos entre minoicos, griegos y etruscos; pero en el caso particular de los romanos tenemos documentadas dos variantes:

  1. Entramado con piezas verticales y horizontales combinadas que forman una malla. 
  2. Entramado de postes verticales.

Ejemplos: el mejor conocido son algunas casas de Pompeya, y sobre todo Herculano, donde, en 1927, se halló la “Casa a Graticcio”, cuyas paredes con entramado de madera (marco de vigas con huecos rellenos de mampostería) quedaron perfectamente conservadas gracias a la erupción volcánica. 

Paredes interiores en opus craticium de la denominada "Casa a Graticcio" (fotografía propia)

No obstante, resulta necesario mencionar otros casos, pues parece extraño que todo el mundo conozca la habilidad romana con el hormigón, el ladrillo o el mármol, y sin embargo olvide su portentosa capacidad para el trabajo en madera, tan imprescindible en la construcción naval, campamentos militares y sus viviendas extramuros, puentes, etc...

  • Canabae: como ya hemos mencionado, la población vinculada a los campamentos legionarios (comerciantes, prostitutas, familiares de los soldados...) necesitaba alojamiento, y aquí el opus craticium jugaba un papel indispensable. En la imagen que aquí mostramos puede apreciarte perfectamente el entramado de muros interiores.
Restitución de una vivienda de la canaba de Argentorum, según T. Logel (imagen de Laumain, 2011, 703)

 
  • Edificio del atrio: descubierto en Cartagena (insula I, zona del Molinete), se ha podido datar su construcción en el 218 d.C., mostrándose un muro en opus craticium completamente desplomado, gracias a lo cual se ha podido preservar su estructura.
 
Restos del edificio del Atrio de Carthago Nova, apreciándose el negativo donde iban las vigas de madera (imagen de Durán Cabello, 2019, 47)

  • Nîmes: en unas excavaciones arqueológicas se encontraron los restos de una base de cerramiento donde, nuevamente, se aprecian los negativos donde se disponían las vigas verticales de madera, aunque solo se haya conservado la parte más baja de esos tabiques.
Restos del muro de cerramiento de Nîmes (imagen de Durán Caballero, 2019, 46)

Fuentes:

Plinio el Viejo: Naturalis Historia.

Vitrubio: De Architectura.

Bibliografía:

Adam, J. P. (1994): Roman Building. Materials and Techniques, Bloomington, Indiana University Press.

Berry, J. (2009): Pompeya, Madrid, Akal.

Camporeale, S. et al. (2008): Arqueología de la construcción, Madrid, CSIC.

Criado, M. A. (4/07/2017): “Descubierto el ingrediente secreto que explica la fuerza del hormigón de la antigua Roma”, El País.

Durán Cabello, R. M. (2019): “La madera en la arquitectura civil romana. ‘Opus Craticium’”, en Morillo Cerdán, A. et al. (eds.), Ephemeral Archaeology. Arqueología Efímera, Mainz, Nünnerich-Asmus Verlag, 39-50.

Eden, N. B. y Bailey, J. E. (1984): “Mechanical Properties and Tensile Failure Mechanism of a High Strength Polymer Modified Portland Cement”, J. Mater. Sci, 19, 2677-2685.

Guarino, B. (4/07/2017): “Ancient Romans made World’s ‘Most Durable’ Concrete. We Might Use it to Stop Rising Seas”, Washington Post.

Lancaster, L. C. (2005): Concrete Vaulted Construction in Imperial Rome, Cambridge, Cambridge University Press.

Langton, C. A. y Roy, D. M. (1984): “Longevity of Borehole and Shaft Sealing Materials. Characterization of Ancient Cement Based Building Materials”, Mat. Res. Soc. SYmp. Proc., 26, 543-549.

Laumain, X. (2011): “Nuevas perspectivas sobre el ‘opus craticium’ romano, una técnica constructiva olvidada”, en Huerta Fernández, S. (coord.), Actas del Séptimo Congreso de Historia de la Construcción, vol. 1, Santiago de Compostela, Instituto Juan de Herrera, 699-708.

Lavan, L. et al. (2007): Housing in Late Antiquity, vol. 3.2. From Palaces to Shops, Leiden, Brill.

Lechtman, H. y Hobbs, L. (1986): “Roman Concrete and the Roman Architectural Revolution”, en Kingery, W. D. (ed.), Ceramics and Civilization, vol. 3. High Technology Ceramics. Past, Present, Future, Westerville, The American Ceramic Society.

Maiuri, A. (1932): Herculaneum, París, Éditions Alpina.

Ulrich, R. B. (2007): Roman Woodworking, New Haven, Yale University Press.

Wayman, E. (16/11/2011): “The Secrets of Ancient Rome’s Buildings”, en smithsonian.com



[1] Variaba desde rocas de todo tipo a baldosas de cerámica o escombros de ladrillo de edificios derruidos, aunque el material ideal y preferente era la toba o tufo volcánico, más poroso y ligero.

[2] Compuesto de calizas y arcillas calentadas a más de 1500º.

[3] En la actualidad, arenas y gravillas.

[4] Megapascales.

[5] Si se quisiera crear rápidamente tobermorita y phillipsita, habría que quemar los minerales a muy alta temperatura, pero los romanos la obtuvieron por procedimiento natural a 20º, lo que implica unas emisiones nulas de CO².

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