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El milagro de los vagos

 

Todo comenzó cuando un flamante (y a la vez esmirriado) Augusto, ansioso por dar lustre y prestigio a su nuevo régimen, encabezó personalmente una campaña en el norte de la Península Ibérica para culminar la conquista de Hispania Citerior. De este modo acrecentaría los dominios de Roma y su imagen pública como pacificador y estabilizador del orbe. Sin embargo, los indígenas se lo pusieron tan complicado que la fatiga mermó su maltrecha salud, y no le quedó más remedio que retirarse a Tarraco para recuperarse (Dio. LIII, 25; Suet. Aug. 81), a un ritmo tan lento que, ante la falta de información, llegó a divulgarse en Roma el rumor de que su vida corría serio peligro (Hor. Od. III, 14). Le costó a Augusto casi dos años (26-25 a.C.) sanar por completo[1], gracias en parte a frecuentar aguas termales.

Que el princeps escogiese Tarraco para descansar no resulta extraño si se conoce su evolución como ciudad. En el 49 a.C. recibió de Julio César el estatuto de colonia romana por haberse celebrado allí la asamblea provincial, quedando al cargo de la nueva gestión de la ciudad el prefecto P. Mucius Scaevola; Escévola se ocupó, entre otras cuestiones, de asentar grupos de veteranos de las legiones y dirigir los nuevos trabajos censitarios y catastrales. Gracias a ello se formaría en la colonia un ordo decurionum, nombrándose duoviros y ediles que asumirían los trabajos edilicios de monumentalización de la colonia para aumentar su dignitas. En suma, Augusto escogió un buen lugar acorde a su rango, pero además, su presencia aceleró el crecimiento urbano de Tarraco, pues debía acoger toda la administración y gestión imperial que pasaba por las manos del emperador enfermo, y en ello jugaron un papel clave las élites locales, ansiosas por participar para ser recompensadas. De entre las muchas embajadas que recibió Augusto en Tarraco[2], una fue particularmente importante para los acontecimientos venideros y para esta publicación.

Se trataba de representantes de la ciudad griega de Mitilene, dirigidos por un tal Crinágoras[3], y deseosos por comunicar a Augusto que su ciudad le había consagrado un templo, acto que incluía la formación de un sacerdocio, la celebración de juegos, una festividad anual durante su natalicio, sacrificios y la inserción de su nombre en los juramentos. Es más, la muy orgullosa Mitilene había enviado copias de su decreto a distintas ciudades[4] jactándose del logro.

En un principio, esto no supuso ningún problema o contradicción para Augusto. Sí, es cierto: en Roma y el Occidente había insistido en no querer ser nombrado dictador o rey, e incluso había devuelto sus poderes supremos al Senado en un acto de “humildad” bien ensayada, conformándose con ser un simple “primer ciudadano”. Pero en Oriente la situación era otra: su consagración como dios permitía que las provincias orientales se olvidasen de la fama y fidelidad alcanzadas por Marco Antonio, y además, en el 29 a.C. Octavio ya había comenzado una política religiosa de carácter dinástico levantando en Éfeso y Nicea templos a Roma y Julio César (Dio. LI, 20). Sin embargo, el mensaje caló entre las élites locales de Tarraco.

Años después, estando Augusto sano y salvo en Roma, descubrimos que los tarraconenses le habían dedicado un altar, tal vez ubicado en la parte baja de la colonia[5]. La noticia nos llega a través de Quintiliano (Inst. VI, 3, 77), quien nos cuenta que la embajada de Tarraco deseaba anunciar al emperador que una milagrosa palmera había nacido en el altar que le habían dedicado; el hecho en sí resultaría asombroso e increíble si no fuese porque Quintiliano lo cuenta como mera anécdota para remarcar la campechana respuesta de Augusto: el princeps sin duda debía de ser un bromista sarcástico de mucho cuidado, pues regañó a los embajadores asegurando que esa palmera solo era consecuencia de que no se estaba haciendo uso del altar[6]. En realidad el hecho resultó ser más trascendente de lo que sugiere Quintiliano. Justo antes de la batalla de Munda, mientras las tropas de César talaban un bosque, apareció el brote de una palmera (árbol sagrado de Apolo), lo que fue considerado como un buen augurio para que César buscase un heredero, siendo Octavio el mejor candidato. Según Suetonio (Aug. 92, 1), la actitud de Augusto fue otra cuando brotó una palmera entre las juntas de las piedras de la acera en la misma puerta de su casa: con sumo cuidado la trasplantó al atrio de los dioses penates para hacerla crecer.

 

Ejemplo de altar funerario de mármol, datado en época Julio-Claudia, y dedicado por libertos y esclavos para su patrón y dueño, Q. Fabius Diogenes, y su esposa Fabia Primigenia. Conservado en el Metropolitan Museum de Nueva York (imagen de https://images.metmuseum.org/CRDImages/gr/original/29A_R18R4.jpg)

 

En consideración de Fishwick (1982), el milagro de la palmera de Tarraco tiene una explicación lógica. El famoso altar todavía no era una pieza maciza de mármol, sino un relleno interior revestido de losas de arenisca estucada o placas de caliza; no sería extraño que en ese relleno de tierra terminase brotando una planta típicamente autóctona del entorno mediterráneo. El milagro fue, no obstante, recordado mediante la acuñación de dupondios y semises[7]:

 

  • El primer modelo de dupondio (RPC I 218; ACIP 3258) representa en su anverso la cabeza radiada de Augusto, mirando a izquierda, con la leyenda DIVVS AVGVSTVS PATER; en el reverso tenemos el altar engalanado de cuyo focus brota una palma naciente, con la leyenda C(olonia) – V(rbs) / T(rivmphalis) – T(arraco). 
 
Dupondio de Tiberio, con representación de Augusto divinizado. Observad el detalle de la decoración del altar (imagen de https://www.tarragonaexperience.com/wp-content/uploads/2016/03/MONEDA-72-1024x717.jpg)

  • El segundo modelo de dupondio (RPC I 225; ACIP 3264) representa en su anverso la cabeza laureada de Tiberio, mirando a izquierda, con la leyenda TI(berivs) CAESAR DIVI AVG(vsti) F(ilivs) AVGVSTVS PATER; en el reverso tenemos el altar engalanado, de nuevo con palma naciente, y leyenda C(olonia) – V(rbs) / T(rivmphalis) – T(arraco).

 

Dupondio de Tiberio, donde se aprecia en el reverso el mismo patrón decorativo, aunque ligeramente más desgastado (imagen de https://www.acsearch.info/search.html?id=1379177)

 

El altar que aquí se nos muestra, evidentemente, no sería dedicado durante la estancia de Augusto, máxime cuando no era amigo de la pompa o de participar personalmente en semejantes ceremonias. Este altar inaugura el culto imperial en las provincias occidentales, difícil de entender para ciudadanos de tradición republicana, pero no para clientes y esclavos que rendían culto al genius de un patrono; así, para las élites locales, Augusto actuaba como un patronus todopoderoso con una red de fidelidad clientelar y militar. No es menos interesante mencionar el detalle de que el altar del reverso está decorado con el motivo augural de los bucráneos unidos con guirnaldas, así como una panoplia central de escudo y lanza[8], decoración muy similar a la que podemos encontrar en el Ara Pacis de Roma. Tal vez en época tiberiana ese altar milagroso ya fue remodelado con mármol para mayor dignidad de Tarraco, y lo hizo siguiendo el diseño del altar de la paz del Campo de Marte, inaugurado en el 13 a.C. (RGDA, 12).

 

Mármol (13 a.C.). Detalle del relieve de bucráneos y guirnaldas que decora el espacio interior del Ara Pacis de Augusto (fotografía propia)

No es casualidad que sea, durante esta fecha, cuando asistimos a una importante reforma provincial; en el caso particular de Tarraco, pasa a convertirse en caput urbs o principal ciudad de la provincia Hispania Citerior o Tarraconensis (Plin. Nat. III, 6), así como cabeza del nuevo conventus iuridicus. Es el mejor contexto para situar la monumentalización del altar, sirviendo Tarraco como laboratorio del naciente culto imperial. Desde entonces, afloraron por el Occidente nuevas iniciativas que buscaban copiar a los tarraconenses, en una carrera de peloteo provincial para ganar el favor de los emperadores, y que servía para unificar la lealtad al Imperio.

  1. El legado L. Sestio Quirinal dedicó en el 15 a.C. los Arae Augustae como marca geográfica del poder romano en las costas atlánticas más lejanas (Plin. Nat. IV, 111; Mela III, 13).
  2. En el 12 a.C. Druso dedicó un gran altar a Roma y Augusto muy cerca de Lugdunum, en la confluencia entre el Ródano y el Saona[9], lugar de reunión anual para el culto imperial de los delegados de las 60 naciones de las tres Galias.
  3. El Ara Ubiorum jugó el mismo papel en los confines del Rin para la proyectada provincia de Germania (Tac. Ann., 1, 39).
  4. Más trascendente fue la Ara Providentiae de Emerita, especialmente inspirada en el Ara Pacis de Roma.
  5. En el 12-13 d.C. la colonia Narbo Martius (capital de la Galia Narbonense) dedica un altar a Augusto en su foro.

Y es que el impacto visual logrado por los artistas que decoraron el Ara Pacis incentivó a las élites urbanas de las provincias occidentales a renovar sus ciudades con monumentos que no solo embelleciesen el espacio, sino que además, mediante el lenguaje de las imágenes, difundiesen la propaganda del nuevo régimen.

Con el paso de los años, para Tarraco un altar fue insuficiente, y cuando el gran Augusto falleció el 14 d.C., solicitaron a Tiberio la erección de un templo que consagrase la divinidad del difunto princeps, a lo que el sucesor accedió (Tac. Ann., I, 78), a sabiendas de que debía servir de modelo para el resto de provincias (exemplum provinciae); este acontecimiento coincide, precisamente, con la acuñación de monedas con anversos en los que Augusto ya es representado como divino, con una corona radiada, y la leyenda DIVVS AVGVSTVS PATER. El siguiente y excepcional paso (a decir verdad muy excepcional y único en la numismática) fue una acuñación tarraconense con la leyenda de anverso DEO AVGVSTO; esto implicaba elevar a Augusto a la categoría de auténtico deus (dios), y no meramente divus (divino).

 

Dupondio de Tiberio (RPC I, 222, ca. 15 d.C.). En el anverso se representa una estatua sedente de Augusto mirando a izquierda, sobre silla curul, sujetando pátera con mano derecha y cetro con la izquierda, y con leyenda DEO AVGVSTO. En el reverso se representa un templo octástilo con la leyenda C(olonia) V(rbs) T(rivmphalis) T(arraco) AETERNI - TATIS AV - GVSTAE (imagen de https://rpc.ashmus.ox.ac.uk/coin/150470)
 

 

Fuentes:

Ancient Coinage of the Iberian Peninsula (ACIP).

Augusto: Res Gestae.

Dión Casio: Historia Romana.

Horacio: Odas.

Paulo Orosio: Historia contra los paganos.

Plinio el Viejo: Historia Natural.

Pomponio Mela: Sobre los lugares del mundo.

Quintiliano: Institutio oratoria.

Roman Provincial Coinage (RPC).

Suetonio: Vida de los Doce Césares.

Tácito: Anales.

 

Bibliografía:

Aquilué, J. et alii. (1998): Tárraco. Guía Arqueológica, Tarragona, El Mèdol.

Bendala, M. (1999): “La Paz Augusta y la romanización”, en Almagro Gorbea, M. y Álvarez Martínez, J. Mª. (eds.), Hispania. El legado de Roma, Zaragoza, Ministerio de Educación y Cultura,127-137.

Fernández Ochoa, C. (1995): “Conquista y romanización de los astures”, en Astures. Pueblos y culturas en la frontera del Imperio Romano, Gijón, Asociación Astures. Gran Enciclopedia Asturiana, 89-97.

Fishwick, D. (1982): “The Altar of Augustus an the Municipal Cult of Tarraco”, MM 23, 222-233.

Liverani, P. (1995): “Nationes et ciuitates nella propaganda imperiale”, RM 102, 219-249.

Ruíz de Arbulo, J. (2009): “El altar y el templo de Augusto en la Colonia Tarraco. Estado de la cuestión”, en Noguera Celdrán, J. M. (ed.), Fora Hispaniae. Paisaje urbano, arquitectura, programas decorativos y culto imperial en los foros de las ciudades hispanorromanas. Actas del Seminario de Lorca del 23 al 27 de septiembre de 2002, Murcia, Museo Arqueológico de Murcia, 155-189.

Ruiz de Arbulo, J. (2015): “Tarraco y Augusto entre la República y el Imperio”, en López Vilar, J. (ed.), Tarraco Biennal. August i les províncies occidentals 2000 aniversari de la mort d’August. Actes del 2on Congrés Internacional d’Arqueologia i Món Antic (26-29 de noviembre de 2014), vol. 2, Tarragona, Fundació Privada Mútua Catalana, 151-166.

Teja, R. (1999): “Las Guerras Cántabras”, en Muñiz Castro, J. A. e Iglesias Gil, J. M. (coords.), Cántabros. La génesis de un pueblo, Santander, Comisión del Centenario de Caja Cantabria,127-155.

Trillmich, W. (1999): “Las ciudades hispanorromanas. Reflejos de la metrópoli”, en Almagro Gorbea, M. y Álvarez Martínez, J. Mª. (eds.), Hispania. El legado de Roma, Zaragoza, Ministerio de Educación y Cultura,163-174.

Zanker, P. (1992): Augusto y el poder de las imágenes, Madrid, Alianza.



[1] Esta situación le obligó a asumir su octavo y noveno mandato como cónsul sin estar presente en Roma.

[2] A destacar la embajada de indios y escitas (Orosio, 6, 21, 19-20), que recorrieron todo el orbe para poder encontrarse con Augusto en Tarraco, de igual modo que una embajada de hispanos y galos se encontraron con Alejandro Magno en Babilonia.

[3] Poeta protegido por Octavia.

[4] Pérgamo, Actium o Nicópolis, Brindisi, Tarraco y Massilia (IGRR IV).

[5] Pues fue erigido a iniciativa de la colonia y no de los representantes de la provincia.

[6] Et Augustus, nuntiantibus Terraconensibus palmam in ara eius enatam, “Apparet, inquit, quam saepe accendatis”. La respuesta de Augusto sirve a Quintiliano para exponer un ejemplo de agudeza e ingenio propios de la inventio, la búsqueda de argumentos en una exposición y la elocutio o capacidad para expresarlos.

[7] Todos acuñados con posterioridad al 15 d.C. También se conservan ejemplos de semis (RPC I 231, ACIP 3271), en los que aparece en el anverso un toro de pie mirando a derecha, claramente en alusión al sacrificio del mismo frente al altar del reverso.

[8] Muy probablemente servían para conmemorar la primera victoria de Augusto en la campaña del 25-19 a.C. contra astures y cántabros.

[9] Ara Romae et Augusti ad confluentes Araris et Rhodani.

Ista quidem vis est?

Resulta un tema recurrente, y muy mascado en la historiografía, hablar del asesinato de Julio César y de la conspiración que lo perpetró. Se ha hecho hasta la saciedad. En Salve, Qvirites tan solo vamos a focalizarnos en los pequeños detalles de una producción numismática que fue consecuencia directa de dicho asesinato, y es la acuñación de denarios y áureos ordenada por Bruto en Macedonia, mientras preparaba su futuro enfrentamiento contra los triunviros. En esas monedas, y lejos de arrepentirse, un Bruto barbado se reafirmó como libertador de la República, convirtiendo su patriótica acción en propaganda.


ANVERSO:

Oro (AU, 19 mm, 8,06 gr). Anverso del áureo de Bruto, acuñado en Macedonia (imagen de https://www.thesprucecrafts.com/eid-mar-denarius-768790)

Como única figura se nos presenta una cabeza desnuda del cesaricida Marco Junio Bruto, barbado y mirando a derecha, y con leyenda transcrita:

BRVT(vs) IMP(erator) L(vcius) PLAET(orivs) CEST(ianvs) 

La información traducida es clara y concisa. Se hace mención a Bruto como imperator, es decir, general victorioso (no en el sentido del Principado como sinónimo de "emperador"), así como a Lucio Pletorio Cestiano, magistrado encargado de la acuñación de esta moneda en Macedonia, entre los años 43-42 a.C.


REVERSO:

Reverso del áureo de Bruto (imagen de https://www.thesprucecrafts.com/eid-mar-denarius-768790)

Aparece en el centro un pileus (gorro que simboliza la libertad) entre dos puñales (pugio en singular) que aluden al asesinato de César protagonizado Bruto, Casio, Casca y el resto de senadores implicados. Se aprovecha el espacio del exergo para situar la siguiente leyenda transcrita:

EID(vs) MAR(tiae) o EID(ibvs) MAR(tiis)

El mensaje no puede ser más evidente: Bruto quiso recordar a la población el heróico acto que supuso acabar con el tirano César en los Idus de Marzo, pues su muerte era necesaria para restablecer la República y la Libertad.

¿Pero cuán idóneo resultó que los conspiradores eligieran a Bruto como rostro del tiranicidio? De entrada, debemos tener en cuenta sus conexiones familiares:

  • Era hijo de Servilia, una de las más conocidas amantes de César, lo que ponía a Bruto en una situación comprometida, tanto al decantarse por Pompeyo en la guerra civil como al participar en el asesinato de César, pues el amorío del dictador con su madre le había reportado grandes beneficios, y no solo hablamos de cargos y riquezas; a fin de cuentas, César le perdonó la vida como a muchos otros dentro de su política de ganar como aliados a sus antiguos enemigos pompeyanos.
  • También era sobrino de Catón el Joven, uno de los más fervientes anticesarianos y defensor de las costumbres republicanas.
  • Por último, era nieto de Servilio Cepión, militar famoso por haberse apropiado del "Tesoro de Tolosa" en Galia, un botín que doblaba la riqueza del tesoro estatal romano, lo que convertía a Bruto en uno de los hombres más ricos de Roma, y por ende, miembro de la minoritaria aristocracia.
Pero la razón fundamental de su selección por parte de los conjurados fue el cognomen que portaba, Brutus. Era sabido que el primero de sus ancestros, Lucio Junio Bruto, dirigió la expulsión de Tarquinio el Soberbio y fue nombrado primer cónsul de la naciente República. ¿Quién mejor entonces que él para asesinar a César y "restaurar" el régimen republicano?

Pero, como hemos dicho, la idoneidad de Bruto era relativa; a fin de cuentas, su antepasado realizó un regifugium, es decir, una expulsión, no un regicidio. Así, los conspiradores modificaron a capricho la conexión histórica en pro de sus intereses políticos. Es más, sensu stricto, César no era rex, como ya había reiterado en orquestadas ocasiones rechazando la corona, si bien sus últimas medidas, como autoproclamarse dictator perpetuus, no ayudaban a conciliar el sueño a los puristas republicanos.

A pesar de estos matices, lo realmente importante era el cognomen de Marco, y gracias a él  se alcanzó la cifra de unos 60 senadores en la conspiración, según nos describen Eutropio y Suetonio, e interpretaron que, en el momento del tiranicidio, el resto del Senado les aclamaría como héroes; sin embargo, mientras César era apuñalado, los patres et conscripti huyeron despavoridos de la Curia de Pompeyo. Y desde luego, como algunos ya sabrán, los cesaricidas tampoco obtuvieron el apoyo del pueblo, que amaba al dictador.

 

Planta y alzado de la curia donde asesinaron a Julio César, en el complejo del Teatro de Pompeyo. En rojo se marcan los restos conservados de la misma, hoy visibles en Largo di Torre Argentina (imagen extraída mediante fotografía de Carandini y Carafa, 2017, vol. 2)

No debemos olvidar que la idea de “salvadores de la República” se ha engrandecido sobremanera gracias a la obra de Shakespeare y a la tradición posterior que ennoblece los ideales de libertad y República de Bruto, Casio y compañía, pero desde una óptica moderna. Si miramos por la escrutadora mirilla del historiador, entendemos que “defender y salvar” la República no significaba sino perpetuar los privilegios e intereses de la minoritaria aristocracia romana, representada en el partido de los optimates, sin preocuparse lo más mínimo en realizar necesarios cambios en un sistema republicano ya en crisis y decadente antes siquiera del nacimiento de César.

La culminación en la defensa de esos ideales, manifiestos en esta acuñación, llegó el 3 de octubre del 42 a.C. En esa fecha, durante el primer choque de lo que se ha venido a conocer como Batalla de Filipos, Bruto derrotó a las tropas de Octavio, mientras que Casio fue vencido por Marco Antonio, optando el cesaricida por el suicidio sin tener noticia de la victoria de su colega. De haber permanecido con vida, quién sabe si ambos hubiesen podido resistir e incluso vencer a los dos triunviros, pero el destino de Bruto quedó sellado el 23 de octubre, cuando llegó su completa derrota; a punto de ser capturado, prefirió arrojarse sobre su espada. En este punto resultan llamativas las actitudes de Antonio y Octavio:

  • El primero mostró su inclinación a honrar el cadáver de Bruto.
  • Pero triunfó la inclinación del segundo, que, en su papel de heredero y vengador de César, optó por decapitar el cadáver y enviar la cabeza a Roma para arrojarla a los pies de la estatua de su padre adoptivo.
Así, el magnicidio, más que restaurar la República, solo sirvió para engrandecer aún más la figura de César, hasta el punto de ser proclamado dios (Divus Iulius).
 
 
Plata (AR, 18 mm, 3,12 gr). Denario de Bruto (imagen de https://www.coinarchives.com/a/results.php?results=100&search=EID+MAR)
 
 
Como pequeña curiosidad, en la serie "Roma", producida por HBO, tienen el detalle de mostrar a un Bruto barbado, interpretado por Tobias Menzies, durante su estancia en Oriente junto a Casio. Hasta cierto punto se muestra cuidado por el detalle histórico al buscar la semejanza con el rostro de Bruto en la moneda que aquí tratamos, si bien hasta aquí llega el parecido. En la serie se nos muestra a un Bruto perdido, desconsolado, aún arrastrándose entre el noble acto del asesinato y el arrepentimiento de haber cometido lo que muchos consideran un acto cobarde. A fin de cuentas, César fue su protector durante años, y en cierto modo ello perpetuaba en Bruto un carácter infantil y pusilánime (recordamos que estamos comentando el punto de vista que nos ofrece la serie). En esa misma línea, y como si pasase por el ritual de la depositio barbae, unas escenas después Bruto se afeita y abandona la infancia, para actuar con la madurez que le corresponde, y asumiendo con entereza su rol de salvador de la República.
 

Fotograma de la serie de HBO "Roma", segunda temporada, episodio 5 (imagen de https://simkl.in/episodes/17/1791281f09106a84_w.jpg)

 

Despedimos esta publicación  retornando a la eterna pregunta, cuya respuesta depende de lo que se debe considerar bueno o malo: la muerte de César, ¿vil asesinato o heroico tiranicidio?


Fuentes:

Apiano: Guerra Civil.

Augusto: Res Gestae.

Eutropio: Breviario.

Plutarco: Vidas Paralelas. Bruto.

Suetonio: Vida de los Doce Césares

Veleyo Patérculo: Historia Romana

La moneda está localizable en los catálogos Crawford 508/32 y Sydenham 1301.

Bibliografía:

Carandini, A. y Carafa, P. (eds.) (2017): The Atlas of Ancient Rome, vol. 2, Princeton, Princeton University Press.

Crawford, M. H. (2019): Roman Republican Coinage, Cambridge, Cambridge University Press.

Sheppard, S. (2008): Philippi 42 BC. The Death of the Roman Republic, Oxford, Osprey Publishing.

Syme, R. (2011): La revolución romana, Barcelona, Crítica.

 

Bisabuelos de alcurnia

Con motivo de la dedicación del templo de Augusto (iniciada su construcción en el 14 d.C., poco después de su muerte), tenemos una acuñación especial del gobierno de Calígula, concretamente un sestercio (AE, 26,17 gr.) de fecha temprana en su gobierno (37-38 d.C.) y acuñado en Roma.

 

Bronce (AE, variación de 32-36 mm, variación de 21,51-32,49 gr). Sestercio (valor de 1/4 de denario) de Cayo Julio César Augusto "Calígula" (37-38 d.C.), acuñado en Roma (imagen de https://www.numisbids.com/sales/hosted/mortoneden/091/image00352.jpg)

Sirva esta imagen para tener una perspectiva general de su anverso y reverso, pero como puede observarse, el desgaste de esta pieza impide un análisis óptimo, razón por la que aquí ofrecemos otra pieza más tardía (35 mm, 26,5 gr, 40-41 d.C.), pero con la misma temática. 


ANVERSO:

Anverso del sestercio mencionado (imagen modificada de https://en.numista.com/catalogue/pieces247168.html)

  1. La figura central representa a la diosa Pietas velada, con una túnica dispuesta en drapeado, posición sedente sobre una silla o cátedra y mirando a izquierda.
  2. El codo izquierdo de Piedad se apoya en una pequeña figura en pie, con vista al frente y sobre una pequeña base. Tal vez se trate de un/a ayudante de la diosa, o más posiblemente el soporte necesario para una escultura de mármol de la misma.
  3. El brazo derecho de Piedad se alza levemente, sujetando con su mano lo que parece una pátera de libación, necesaria en todo ritual de sacrificio y ofrenda.
En lo que se refiere a la leyenda de la moneda, ofrecemos la siguiente transcripción:
 
C(aivs) · CAESAR · DIVI · AVG(vsti) · PRO · N(epos) · AVG(vstvs) · P(ontifex) · M(aximvs) · TR(ibvnicia) · P(otestate) · IIII · P(ater) · P(atriae) ·

En el exergo consta la palabra PIETAS.

Traducción: Cayo César Augusto, bisnieto del divino Augusto, Pontífice Máximo, en su cuarta potestad tribunicia, padre de la patria. Piedad.

 

REVERSO: De mayor interés iconográfico, aparecen varios elementos que intentamos detallar.

Reverso del sestercio mencionado (imagen modificada de https://en.numista.com/catalogue/pieces247168.html)

  1. En primer plano, destaca la figura central, que no es otro sino el mismo emperador Calígula, togado y velado (función de pontifex maximus), en pie y mirando a izquierda, disponiéndose a realizar un sacrificio junto al altar que tiene más abajo, razón por la que sujeta una pátera en su mano derecha.
  2. Las dos figuras que flanquean al emperador son dos ayudantes, el de la izquierda (victimario) conduce a un toro hasta el altar central para proceder al sacrificio, mientras que el de la derecha sostiene una pátera, pendiente de las órdenes de Calígula.
  3. En segundo plano, sobresale la fachada del templo del divino Augusto, organizada en seis columnas (hexástilo) de orden corintio y una decoración de guirnaldas, prueba de que se está celebrando su inauguración/conmemoración. La conservación de la moneda también nos permite identificar algunos elementos ornamentales del templo, que también enumeramos.
  4. En el centro del friso los expertos han distinguido la figura del dios Marte (divinidad muy presente en la vida y propaganda de Augusto, como queda demostrado por el templo de Mars Ultor). A sus lados, y de forma simétrica, el dios está rodeado por otras seis figuras (dos de ellas yacentes en los extremos laterales del friso) de difícil interpretación; tal vez algunos sean personajes asociados al cortejo del dios, como sus hijos Terror y Pavor.
  5. En el centro de la cornisa aparece una cuádriga triunfal.
  6. Rodeando a la cuádriga, tenemos dos Victorias aladas que remarcan la importancia del acontecimiento que se celebra.
  7. El resto de figuras de la cornisa resultan difíciles de identificar, pero se ha sugerido la posibilidad de que a la izquierda, con una antorcha, tengamos a Rómulo, mientras que a la derecha tenemos a Eneas, acompañando a su hijo Ascanio y sosteniendo a su padre Anquises; en suma, dos personajes habituales en el programa iconográfico de Augusto, y con los que pretendía vincularse como nuevo fundador de la ciudad.

En la leyenda que figura a ambos lados del templo se puede leer esta transcripción:

DIVO – AVG(vsto) / S(enatvs) – C(onsvltvm)  

Traducción: Para el dios Augusto. Por decreto del Senado (puesto que a esta institución correspondían las acuñaciones en bronce).

 

Esta no fue una simple moneda más, pues representa un antes y un después en el gobierno de Calígula. Hijo de Germánico y Agripina Maior (muy queridos por el pueblo), gozaba de unos antepasados de prestigio:

  • Por vía materna, era nieto directo de Julia y Agripa (baja estirpe), lo que a su vez le convertía en bisnieto de Augusto.
  • Por vía paterna, era nieto directo de Antonia y Druso (hermano de Tiberio e hijo de Livia, es decir, la rama Claudia), lo que a su vez le convertía en bisnieto de Marco Antonio.

Después de una etapa final de terror en el gobierno de Tiberio, el Senado, entusiasmado con la llegada a la púrpura de un hijo de Germánico, deseaba una damnatio memoriae contra el despótico antecesor. Sin embargo, y para reconciliarse con la rama Claudia de la familia, Calígula prefirió guardar un buen recuerdo de Tiberio, aceptando a Gemelo como su compañero en la herencia (al nombrarle princeps iuventutis) y terminando las obras del templo del divino Augusto. Por supuesto, Calígula no solo se reconciliaba con Tiberio rematando un templo que empezó con cierta desgana (dado que las obras se alargaron duante todo su gobierno), sino que también reforzaba aún más su posición haciendo una exhibición pública de su parentesco directo con Augusto.

 

Planimetría del espacio urbano entre el Capitolio, el Foro y el Palatino, durante la primera mitad del s. I d.C. Puede apreciarse el templo de Augusto levantado al sur de la Basílica Julia (imagen extraída mediante fotografía de Carandini y Carafa, 2017, vol. 2)

Todo ello cambiaría drásticamente con su famosa y repentina enfermedad, durante la cual muchos temieron por su vida. Tras recuperarse, Calígula se aleja del recuerdo y prestigio de Augusto y se vuelca por entero a la glorificación de Marco Antonio, especialmente en sus gustos a todo lo procedente de Oriente, como la concepción autocrática del poder, en la cual los soberanos eran poco menos que seres semidivinos adorados por sus súbditos. Prueba de este giro de los acontecimientos fueron ejemplos tales como sus deseos de convertir a Alejandría en la nueva capital del Imperio, castigar a los judíos ordenando la erección de una estatua monumental suya como dios en el gran Templo de Jerusalén, o como vemos en la siguiente imagen, remodelar su hogar para convertir el Templo de Cástor y Pólux en una entrada a su palacio del Palatino, el cual estaría decorado con la estatua de Zeus Olímpico (proyecto que no se llegó a cumplir) y conectado con el Capitolio (la residencia de Júpiter Óptimo Máximo) mediante un puente de madera que, hipotéticamente, pasaba justo por encima del templo de la citada moneda, situado al sur del Foro.

 

Planimetría de la domus de Cayo. Obsérvese la conexión con el Templo de los Dioscuros del Foro, el espacio reservado para la estatua de Zeus Olímpico en el atrio, y el puente (esquina inferior derecha) que conectaba con el Capitolio (imagen extraída mediante fotografía de Carandini y Carafa, 2017, vol. 2)

¿O tal vez el cambio de postura no fue tan drástico como creíamos? A fin de cuentas, recordemos que la primera vez que se conmemora la inauguración del templo es a comienzos del gobierno de Cayo (37-38), pero si habéis observado con detenimiento la moneda analizada, esta corresponde con la etapa final previa a su asesinato (40-41), como nos confirma la cuarta potestad tribunicia que estaba ejerciendo. ¿Acaso seguía necesitando el fuerte vínculo con Augusto para legitimar su posición frente al Senado y el Pueblo durante la etapa más despótica de su gobierno?

Como pequeña curiosidad, si os habéis fijado con detenimiento en el primer plano, se aprecia en la planta del templo que cuenta con ocho columnas en su fachada, y no seis como refleja nuestra moneda. La explicación la encontramos en otra moneda más tardía, correspondiente con el gobierno de Antonino Pío, y donde se aprecia una remodelación del templo (Templum Novum Divi Augusti) para ser octástilo e incluir en su interior dos estatuas sedentes de Augusto y Livia divinizados.

 

Bronce (AE, 30,60 mm, 19,66 gr). Sestercio de Antonino Pío (159 d.C.), acuñado en Roma. En el anverso, busto laureado del emperador mirando a la derecha, con leyenda ANTONINVS AVG PIVS - P P TR P XXII. En el reverso, fachada del templo, con estatuas sedentes de Divus Augustus y Diva Iulia Augusta (Livia), mirando al frente y sosteniendo largos cetros, con leyenda TEMPLVM DIV AVG REST, S-C en campo y COS IIII en exergo (imagen de https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Antoninus_Pius_sestertius_-_Templum_Divi_Augusti_-_RIC_1004.jpg)

 

Fuentes:

Dión Casio: Historia Romana.

Filón de Alejandría: Legatio ad Caium / In Flaccum.

Flavio Josefo: Antigüedades Judías / Autobiografía, Contra Apión / La guerra de los judíos.

Séneca: Diálogos.

Suetonio: Vida de los Doce Césares.

Tácito: Anales / Historias.

Bibliografía:

Beltrán Martínez, A. (1986): La moneda romana. El Imperio, Madrid, Fundación para el fomento de los estudios numismáticos.

Carandini, A. y Carafa, P. (eds.) (2017): The Atlas of Ancient Rome, vol. 2, Princeton, Princeton University Press.

Carson, R. A. G. (1990): Coins of the Roman Empire, London, Routledge.

Mattingly, H. (1920): “Some Historical Roman Coins of the First Century A.D.”, Journal of Roman Studies, 10, 37-41.

Rodríguez Valcárcel, J. A. (2010): Calígula, Cuenca, Alderabán.

Winterling, A. (2006): Caligula, Madrid, Herder.

Winterling, A. et alii. (2011): Caligula. A Biograpy, Berkeley, University of California Press.

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