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Opera II: Caementicium et Craticium

Continuamos nuestras publicaciones dedicadas a las técnicas constructivas romanas; en este segundo artículo sobre las Opera, repasamos la letra C.


Opus Caementicium: el término procede del latín caementum, con el significado de "escombro" o "piedra sin tallar", del que luego surgirían palabras castellanas como “cemento”. Y es que precisamente se trata de eso, de un mortero o argamasa al que se le añadían piedras/guijarros/arena de todo tipo (de escombros, por ejemplo[1]). Su uso comenzó aproximadamente en torno al 150 a.C., probablemente siendo el resultado de una aculturación grecoetrusca. Dada la maleabilidad de esta técnica constructiva, su uso podía ser muy variado:

  1. En solitario, para tapar fisuras, por ejemplo. 
  2. Dándole forma con la ayuda de un encofrado de madera, lo que permitía hitos arquitectónicos como una cúpula o bóvedas de una sola pieza, pero también soluciones más pragmáticas, como canales subterráneos de acueductos. 
  3. Para rellenar espacios vacíos entre paredes o bóvedas, o dicho de otro modo, encofrado perdido, porque luego quedaba oculto por un revestimiento de opus quadratum, vittatum o reticulatum en su mayoría. A medida que se crecía en la altura del muro, los obreros podían poner hiladas de ladrillos que iban de lado a lado en lo ancho del muro, permitiendo trabar ambos lados exteriores; con ello se mantenía una distancia constante y aumentaba la resistencia.

El hormigón romano contaba con ventajas obvias. De entrada, podía ser menos pesado que la roca, pero además, dada la rapidez de aplicado, su resistencia, durabilidad, multiplicidad de soluciones/formas y su bajo coste, no es de extrañar que muy pronto se extendiese a cada rincón del imperio. Por ello, representa el mayor logro constructivo de esta civilización, hasta el punto de que todavía hoy algunos ejemplos resisten al paso del tiempo. Su única desventaja es estética, y como ya hemos mencionado, los romanos preferían ocultarlo bajo un revestimiento de materiales más nobles o vistosos, desde mármoles y sillares hasta estuco con pintura. 

¿Pero cuál era la fórmula mágica creada por los romanos para la resistencia de este hormigón? En realidad es perfectamente conocida, y consiste en una mezcla de cal viva (rocas quemadas en horno para obtener hidróxido de calcio), agua, un conglomerado de cantos pequeños o guijarros de cualquier tipo (preferiblemente toba), y puzolana, es decir, arenas volcánicas de un color amarillo-marrón-gris que se obtenían de manera natural en Puteoli (actual Pozzuoli, Nápoles). Concretamente Vitrubio nos ofrece dos combinaciones según la necesidad:

  • Una proporción de 1 parte de cal y 3 partes de puzolana para los morteros estructurales de edificios. 
  • Una proporción de 1 parte de cal y 2 de puzolana para conseguir el Pulvis Puteolanus, es decir, hormigón hidráulico para trabajos bajo el agua, pues esta mezcla les permitió comprobar que reaccionaba muy bien al contacto con agua marina.

No obstante, es necesario romper el mito sensacionalista de que el hormigón romano era mejor que el hormigón moderno. Se trata de dos cosas totalmente distintas. 

El principio de mezcla no ha variado en siglos, y para obtener hormigón se sigue necesitando una reacción química fruto de combinar un aglomerante (actualmente el cemento Portland[2]) y un aglomerado (áridos y piedras de distintos tamaños[3]), sumado a cierta cantidad de agua. Con ello se obtiene hormigón de masa, pero en la actualidad también se puede obtener hormigón armado incluyendo en el mortero barras de acero de refuerzo, haciéndolo más resistente que el opus caementicium; además, la resistencia también es mayor actualmente por contar con escorias de altos hornos, cenizas volantes y humos de sílice. Pruebas de comprensión dan al hormigón moderno una resistencia de nivel 50 MPa[4] (diez veces mejor que la fórmula previa a 1860). 

Por contra, el hormigón romano en masa es más duradero; es cierto que, una vez fraguado, tenía poca plasticidad, resultando quebradizo ante enormes tensiones de tracción, pero solo podemos teorizar porque no existen datos mecánicos comparables para la antigüedad, y solo se puede deducir en base a la fisura de cúpulas y bóvedas de edificios romanos milenarios. En un entorno como la Península Itálica, tan propensa a los terremotos, algunas partes de edificios se desplazaron ligeramente por la actividad sísmica, adaptándose a las tensiones y mejorando la resistencia de la estructura, y eso solo podía ser posible con materiales flexibles como el ladrillo y el hormigón. La resistencia a la tracción variaría según la relación agua/mortero, cuya proporción antigua es imposible de precisar con exactitud.

La clave del mito se basa fundamentalmente en el hormigón hidráulico: resulta que este opus caementicium contenía altas cantidades de alúmina y sílice, pero ante todo la combinación de agua marina, puzolana (que contiene phillipsita) y cal viva generaba tobermorita, un cristal aluminoso que resiste a las fracturas. Dicho de otro modo: si se abrían fisuras por el paso del tiempo, la penetración de agua marina las cicatrizaría, lo que ha dado a este hormigón la etiqueta de “material de construcción más duradero en la historia de la humanidad”[5]. Si lo comparamos, el hormigón moderno expuesto prolongadamente al agua marina termina deteriorándose en décadas por perder alcalinidad y carbonatarse. La moda actual es intentar recurrir al hormigón romano como sustituto del primero, tanto por su longevidad como por su menor huella ambiental; esto se debe a que el hormigón con cenizas volcánicas (y no el de cenizas volantes de carbón) puede costar hasta un 60 % menos, porque la temperatura de cocción es más baja y su vida útil más larga.

 

Ejemplos:

  • Panteón de Agripa: puede que sea el ejemplo más famoso y espectacular, en el que se emplea hormigón tanto para sus muros como para la increíble cúpula de casetones, y además de una forma muy original, pues mientras que el hormigón de la base de la cúpula tiene una mezcla de travertino (que le da una densidad de 2200 kg/m³), en el anillo que rodea al óculo superior se emplearon capas alternas de toba ligera y piedra pómez (con una densidad de 1350 kg/m³). 
Disposición de los casetones y óculo central en la cúpula de hormigón diseñada en tiempos de Adriano (fotografía propia)

  • Puerto de Cesarea Marítima: Herodes el Grande utilizó el opus caementicium para construir un puerto artificial a una escala enorme, y eso fue posible porque el hormigón romano podía fraguar bajo el agua. 
Restos visibles del puerto de Herodes en el yacimiento arqueológico de Cesarea Marítima (imagen de https://www.lavanguardia.com/files/article_main_microformat/uploads/2020/09/28/5f720a329fdad.jpeg)

 
  • Muros del teatro de Mérida: este es un claro ejemplo de cómo abaratar costes de construcción para un edificio monumental, empleándose el hormigón para los muros y las bóvedas que sustentan las gradas, si bien, por tratarse de un escaparate del poder imperial, luego fue revestido con hermosos sillares. 
Se aprecia perfectamente los componentes del aglomerado romano, a base de diversos tipos de guijarros, quedando todo cubierto por opus quadratum (fotografía propia)

 
  • Bóveda del circo de Tarragona: también para sustentación de graderío y de los 25.000 espectadores de aquella época, y después de tantos siglos sirviendo como cimentación de las viviendas que se distribuyen en la actual Plaça de la Font.
Bóveda de opus caementicium del circo de Tarraco (imagen de https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/0/01/Tarragona_-_Circo_romano_11.JPG)


  • Puerto de Cosa: esta antigua colonia latina contaba con un puerto datado en torno al 273 a.C., lo que le convierte en el primer puerto romano que la arqueología ha documentado hasta ahora, pero los restos de los muelles o rompeolas fabricados en opus caementicium evidencian entre los guijarros el uso de fragmentos de ánforas Dressel tipo I, lo que implica un hormigón hidráulico de los siglos II-I a.C. que aún resiste en su sitio tras más de 2000 años.

Parte del rompeolas del puerto de Cosa, en la actual Orbetello (imagen de https://www.ancientportsantiques.com/wp-content/uploads/2011/08/IMG_0238.jpg)

Opus Craticium (de craticius, "emparrillado", "enrejado"): consistía en muros construidos con balastro y barro aprisionados entre tablas de madera; estas tablas formaban una rejilla de montantes y traviesas, sobre las que se vertía dicha argamasa, quedando todo tapado por yeso. De esta forma, rápida y barata, se obtenían tabiques ligeros de construcción, aunque el mismo Vitrubio ya advertía el inconveniente de la madera al secarse, hincharse o pudrirse por la humedad, pues provocaba fracturas en el yeso, por no mencionar los inevitables riesgos de incendio. Pero claro, dada su ligereza era una técnica muy usada para los pisos superiores de viviendas, lo que obviamente implica que hayan desaparecido de muchos yacimientos arqueológicos.

Existe cierta confusión académica porque el opus craticium también ha sido usado para identificar una técnica de construcción basada en un marco de madera con relleno de piedras de mortero (opus incertum). Y por supuesto, no es una técnica de creación romana, pues encontramos ejemplos entre minoicos, griegos y etruscos; pero en el caso particular de los romanos tenemos documentadas dos variantes:

  1. Entramado con piezas verticales y horizontales combinadas que forman una malla. 
  2. Entramado de postes verticales.

Ejemplos: el mejor conocido son algunas casas de Pompeya, y sobre todo Herculano, donde, en 1927, se halló la “Casa a Graticcio”, cuyas paredes con entramado de madera (marco de vigas con huecos rellenos de mampostería) quedaron perfectamente conservadas gracias a la erupción volcánica. 

Paredes interiores en opus craticium de la denominada "Casa a Graticcio" (fotografía propia)

No obstante, resulta necesario mencionar otros casos, pues parece extraño que todo el mundo conozca la habilidad romana con el hormigón, el ladrillo o el mármol, y sin embargo olvide su portentosa capacidad para el trabajo en madera, tan imprescindible en la construcción naval, campamentos militares y sus viviendas extramuros, puentes, etc...

  • Canabae: como ya hemos mencionado, la población vinculada a los campamentos legionarios (comerciantes, prostitutas, familiares de los soldados...) necesitaba alojamiento, y aquí el opus craticium jugaba un papel indispensable. En la imagen que aquí mostramos puede apreciarte perfectamente el entramado de muros interiores.
Restitución de una vivienda de la canaba de Argentorum, según T. Logel (imagen de Laumain, 2011, 703)

 
  • Edificio del atrio: descubierto en Cartagena (insula I, zona del Molinete), se ha podido datar su construcción en el 218 d.C., mostrándose un muro en opus craticium completamente desplomado, gracias a lo cual se ha podido preservar su estructura.
 
Restos del edificio del Atrio de Carthago Nova, apreciándose el negativo donde iban las vigas de madera (imagen de Durán Cabello, 2019, 47)

  • Nîmes: en unas excavaciones arqueológicas se encontraron los restos de una base de cerramiento donde, nuevamente, se aprecian los negativos donde se disponían las vigas verticales de madera, aunque solo se haya conservado la parte más baja de esos tabiques.
Restos del muro de cerramiento de Nîmes (imagen de Durán Caballero, 2019, 46)

Fuentes:

Plinio el Viejo: Naturalis Historia.

Vitrubio: De Architectura.

Bibliografía:

Adam, J. P. (1994): Roman Building. Materials and Techniques, Bloomington, Indiana University Press.

Berry, J. (2009): Pompeya, Madrid, Akal.

Camporeale, S. et al. (2008): Arqueología de la construcción, Madrid, CSIC.

Criado, M. A. (4/07/2017): “Descubierto el ingrediente secreto que explica la fuerza del hormigón de la antigua Roma”, El País.

Durán Cabello, R. M. (2019): “La madera en la arquitectura civil romana. ‘Opus Craticium’”, en Morillo Cerdán, A. et al. (eds.), Ephemeral Archaeology. Arqueología Efímera, Mainz, Nünnerich-Asmus Verlag, 39-50.

Eden, N. B. y Bailey, J. E. (1984): “Mechanical Properties and Tensile Failure Mechanism of a High Strength Polymer Modified Portland Cement”, J. Mater. Sci, 19, 2677-2685.

Guarino, B. (4/07/2017): “Ancient Romans made World’s ‘Most Durable’ Concrete. We Might Use it to Stop Rising Seas”, Washington Post.

Lancaster, L. C. (2005): Concrete Vaulted Construction in Imperial Rome, Cambridge, Cambridge University Press.

Langton, C. A. y Roy, D. M. (1984): “Longevity of Borehole and Shaft Sealing Materials. Characterization of Ancient Cement Based Building Materials”, Mat. Res. Soc. SYmp. Proc., 26, 543-549.

Laumain, X. (2011): “Nuevas perspectivas sobre el ‘opus craticium’ romano, una técnica constructiva olvidada”, en Huerta Fernández, S. (coord.), Actas del Séptimo Congreso de Historia de la Construcción, vol. 1, Santiago de Compostela, Instituto Juan de Herrera, 699-708.

Lavan, L. et al. (2007): Housing in Late Antiquity, vol. 3.2. From Palaces to Shops, Leiden, Brill.

Lechtman, H. y Hobbs, L. (1986): “Roman Concrete and the Roman Architectural Revolution”, en Kingery, W. D. (ed.), Ceramics and Civilization, vol. 3. High Technology Ceramics. Past, Present, Future, Westerville, The American Ceramic Society.

Maiuri, A. (1932): Herculaneum, París, Éditions Alpina.

Ulrich, R. B. (2007): Roman Woodworking, New Haven, Yale University Press.

Wayman, E. (16/11/2011): “The Secrets of Ancient Rome’s Buildings”, en smithsonian.com



[1] Variaba desde rocas de todo tipo a baldosas de cerámica o escombros de ladrillo de edificios derruidos, aunque el material ideal y preferente era la toba o tufo volcánico, más poroso y ligero.

[2] Compuesto de calizas y arcillas calentadas a más de 1500º.

[3] En la actualidad, arenas y gravillas.

[4] Megapascales.

[5] Si se quisiera crear rápidamente tobermorita y phillipsita, habría que quemar los minerales a muy alta temperatura, pero los romanos la obtuvieron por procedimiento natural a 20º, lo que implica unas emisiones nulas de CO².

A la salud de la vida

Hoy hablamos de una pieza de arte muy particular, ya investigada desde hace décadas[1], y aun así profundamente desconocida para el gran público, como desconocido es el lugar de su hallazgo; nos referimos concretamente a la ciudad romana de Nertobriga Concordia Iulia, enclave que pasó a ser conocido más tarde como “Valera la Vieja”, si bien hoy forma parte del municipio de Fregenal de la Sierra (Badajoz). Sin duda Nertobriga no se caracteriza por ser uno de los yacimientos romanos más visitados si lo comparamos con Mérida, Itálica o Tarragona, ni siquiera con otras ciudades de segundo orden como Segóbriga o Lucentum; por eso, desde Salve, Qvirites queremos aprovechar esta publicación para revitalizar el recuerdo de Nertobriga, recomendando su visita.

La pieza en cuestión a la que nos referimos es un vaso (kalathos o modius), de 13,5 cm de alto por 13 cm de diámetro en la boca y 11,3 cm en la base, con un peso de 581 gr y capacidad para 1,620 litros[2]; fabricado en bronce, está decorado con relieves repujados y nielado (aplicaciones de plata), hoy parcialmente conservado. Su interior es liso al haber sido fundido en una pieza, haciéndose más grueso conforme se acerca a la base (el grosor de la boca es de solo 1 mm). Hoy presenta patina verde oscura, casi negra, con zonas rojas cobrizas, pero en su día debió ser dorado.

 

Vaso de Nertobriga, donde se aprecia el grado de oxidación y el detallismo de algunas escenas (imagen de http://museoarqueologicobadajoz.juntaex.es/filescms/web/uploaded_files/00344_montaje.jpg)

La mayor peculiaridad de esta copa es que fue creada en un taller artesano de Alejandría (Egipto) en algún momento del s. IV d.C., junto con otros vasos de Nertobriga que hoy siguen desaparecidos[3]. Este dato se concluye analizando la técnica utilizada, que lo asemeja mucho al jarro de la colección de Dumbarton Oaks, el jarro del Louvre o la copa argéntea del Museo de Alejandría (s. II) y relacionada con los sarcófagos de Tarquinia, Tréveris y Constantinopla.

Los relieves muestran una escena muy habitual en la iconografía pagana[4]: como principal figura tenemos a Baco, inmerso en un entorno de vendimia dividido en cuatro bandas:

 

Dibujo explicativo de la decoración completa del vaso (imagen modificada de García y Bellido, 1957, 234)

  • La primera y cuarta bandas tienen roleos de pámpanos con racimos que parten de dos cráteras (las de arriba) y de dos grandes hojas (las de abajo); los bordes superior e inferior lo forman una decoración de hojitas. 
  • La segunda, con una anchura superior al resto, tiene erotes vendimiando y pisando las uvas en presencia de un Baco entronizado (figura 1), quien recibe una ofrenda de un sátiro (f. 2). A espaldas de Baco una pantera (f. 3) intenta subir con escala a una parra alta; delante del dios un erote (f. 4) desciende por otra escala de una parra y echa racimos en una cesta. A su lado hay un templete que cobija la imagen de Pan (f. 5), mientras que, a la derecha de la pantera, dos erotes (f. 6) pisan las uvas en una cuba cuadrangular, siguiendo otro amorcillo alado junto a una pilastra coronada por una crátera. 
  • La tercera banda muestra cuatro máscaras báquicas (dos lampiñas y dos barbadas) sobre pedestales y tirso con ínfulas, muy frecuentes en las representaciones teatrales, y alternadas con vides altas arborescentes.

De cara a la investigación, puede que la segunda banda sea la más interesante, pues muestra una escena recogida en varias fuentes literarias. Se supone que la fuente original es un poema anacreóntico:

“Cuando labres, Hefesto, la plata, hazme ¡armas no, cierto! Pues, ¿qué hay de común entre la guerra y yo? Antes bien, una copa, profunda cuanto puedas. Y grábame en ella no astros, ni el Carro ni el temible Orión. ¿Qué se me da de las Pléyades? ¿Qué del hermoso boyero[5]?

Ponme unos viñedos con racimos que pendan y Ménades vendimiando, y hazme a unos que pisen un lagar, los Sátiros risueños, de oro los Amores, y Citera riente junto al bello Dioniso, y Eros y Afrodita”.

 

Dibujo aclaratorio de la segunda banda del vaso (imagen de http://museoarqueologicobadajoz.juntaex.es/filescms/web/uploaded_files/00344_montaje.jpg)

Este poema está falsamente atribuido a Anacreonte (ss. VI-V a.C.) como su Oda XVII; el problema es que las Anacreónticas son muy difíciles de datar, aunque para estos versos concretos Aulo Gellio (19, 9) asegura que las oyó recitar en Atenas en el s. II d.C., lo que implica que estamos ante una de las anacreónticas más antiguas. Se nos hace mención al Carro, Orión y las Pléyades, lo que le conecta con la Ilíada (XVIII, 483), cuando Hefestos fabrica el escudo de Aquiles:

“Allí[6] puso la tierra, el cielo, el mar, el sol infatigable y la luna llena; allí las estrellas que el cielo coronan, las Pléyades, las Híades, el robusto Orión y la Osa, llamada por sobrenombre el Carro, la cual gira siempre en el mismo sitio, mira a Orión y es la única que deja de bañarse en el Océano”.

Es decir, la copa de Nertóbriga es la antítesis del mundo guerrero de la Ilíada, pues celebra los placeres de la vida.

A modo de curiosidad, el poema ha inspirado a muchos autores a lo largo de la historia literaria. Baste con mencionar como ejemplo a uno de nuestros colosos del siglo de oro, don Francisco de Quevedo (Anacreon Castellano):

 

“Famoso herrero Vulcano,

pues con ingeniosa traza

labras el metal villano,

labra de plata una taza

para mí con propia mano,

 

la más honda que pudieres;

y no me muestres, si quieres,

en ella por invención,

el Plaustro, ni el Orión,

ni las estrellas que vieres.

 

Porque ¿qué me importa a mí

ver, cuando beba, a Bootes,

y a las Pleiadas allí,

ni que la Luna me notes

tan bella como es en sí?

 

No estrellas formes, ni lides,

mas cueros, vasos y cubas,

con que el santo licor mides,

los racimos en las vides,

y en los racimos las uvas.

 

Y juntamente con ellos

muchos Cupidillos bellos,

y a Baco de mosto ardiente

haciendo la boca fuente,

y canal barba y cabellos”.

 

Óleo, mediados del s. XVII. Retrato de Francisco de Quevedo, atribuido tradicionalmente a Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, pero en la actualidad a Juan van der Hamen (imagen de https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/5/5e/Quevedo_%28copia_de_Vel%C3%A1zquez%29.jpg)

Toda la información aquí recogida pertenece al Museo Arqueológico de Badajoz, que sin duda también merece una visita😉.

 

Fuentes:

Anónimo: Anacreónticas.

Aulo Gelio: Noches Áticas.

Bibliografía:

Berrocal, L. et al. (2014): "Nertobriga Concordia Iulia. El paisaje de un enclave romanizador entre los célticos de la Beturia", Anejos de Archivos Españoles de Arqueología, LXX, 144-170. 

(2014): "La ciudad céltico-romana de Nertobriga Concordia Iulia", Studia Lusitana, 8, 135-162.

Calero Carretero, J. A. (1983): “El modio de Fregenal de la Sierra”, en V Jornadas de Viticultura y Enología de Tierra de Barros. Del 9 al 13 de mayo de 1983, Amendralejo, Universidad de Extremadura y Centro Cultural Santa Ana, 24-26.

García y Bellido, A. (1957): “Viaje arqueológico por Extremadura y Andalucía”, Archivo Español de Arqueología 30, 96, 233-244.

Picard, Ch. (1961): “Própos et dócuments concernant la tóreutique alexandrine”, Révue Archéologique, I, 127-133.



[1] Fue descubierto en 1868.

[2] Medida romana exacta para tres sextarii (cada sextarius es de 0,54 l), o la mitad de un congius (3,25 l).

[3] Cinco o seis vasos con la misma forma.

[4] La segunda banda tiene muchos paralelos en sarcófagos, como el de Cagliari (310-320 d.C.), el del Museo de Bonn (250-270 d.C.), o el de Junio Basso (359), pero los ejemplos son numerosísimos. La tercera banda encuentra su inspiración en recipientes argénteos Julio-Claudios.

[5] Bootes. Hay muchas versiones sobre la identidad de este personaje convertido en constelación; pero en una de ellas se le atribuye la invención del arado, acto que complació tanto a Deméter que pidió a Zeus que lo fijase permanentemente en los cielos como recompensa.

[6] En el escudo.

"Llaman paz a sembrar desolación"

Tras el final de la rebelión de Boudica, se abría para Roma un nuevo proceso de expansión en Britania, iniciado con la construcción de una calzada en dirección norte y nuevas operaciones al cargo del gobernador Cneo Julio Agrícola. Antes de iniciar la conquista del norte, Agrícola decidió asegurar su retaguardia sometiendo previamente a los ordovicos, población mayoritaria del norte de Gales. En un total de seis campañas consolidó la presencia de Roma en el norte de Britania gracias a la construcción de una línea de fuertes a la altura del Firth of Forth, en el interior de Caledonia (Escocia); también estableció puestos de vigilancia por toda la costa oeste de la isla para asegurar sus posiciones frente a una posible incursión de las tribus de Hibernia (Irlanda).

 

Mapa de las campañas de Agrícola en Escocia (imagen de https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/4/43/Agricola.Campaigns.80.84.jpg)

Ante este avance, los pictos hicieron acto de presencia asaltando un campamento levantado por la legio IX Hispana. Si bien fueron rechazados en un primer momento, llegaron hasta Agrícola noticias del aglutinamiento de las tribus, razón por la cual preparó su estrategia cuando finalizó su sexta campaña en el 84 d.C. Primero, mediante exploradores, confirmó que Britania era una isla y que no se unía a Europa, por lo que propuso el total sometimiento de la misma para poder liberar recursos y destinarlos al Rin; quizás en un futuro no muy lejano, incluso se podría pensar en una posible invasión de Hibernia.

Avanzando en el terreno, Agrícola por fin consiguió dar con una gran hueste picta en el mons Graupius (lugar indeterminado), obligándola a entablar combate, pues los pictos habían estado eludiendo la confrontación directa; pero en esta ocasión se arriesgaban a quedar aislados de sus fuentes de aprovisionamiento, imprescindibles para alimentar no sólo a los soldados, sino también a sus familias (que también les acompañaban como es costumbre entre los celtas). Según Tácito, Roma sumaba 20.000 efectivos (mayoría de auxiliares britanos) y los pictos unos 30.000.

 

Recreación ilustrada de la disposición de fuerzas en el mons Graupius (imagen de https://images5.alphacoders.com/408/thumb-1920-408718.jpg)
 

Agrícola estableció 8.000 auxiliares de infantería en el centro, protegidos en los flancos por 3.000 de caballería, manteniendo a los legionarios de la XX Valeria Victrix en la reserva y protegiendo la zona con una red de zanjas. El líder picto Calgaco dispuso a sus hombres en una posición más elevada, con la caballería al frente y un despliegue más amplio, ante lo cual, temiendo que lo envolviera el enemigo, el general romano extendió sus líneas asumiendo el riesgo de debilitar el frente. Primero hubo una tanda de armas arrojadizas (lanzas, flechas y sobre todo piedras por parte de los pictos); Agrícola reforzó la primera línea con cinco cohortes quinquagenaria peditata de auxiliares bátavos y tungrios, llegando al cuerpo a cuerpo y ordenando atacar con los escudos al rostro del enemigo, ya que las heridas en la cara eran temidas por los pictos. La caballería enemiga se vio entorpecida por la red de zanjas, y pronto superada por la caballería romana, ante lo cual Calgaco lanzó al grueso de sus fuerzas contra el flanco izquierdo romano. Pero Agrícola, previsor, envió cuatro turmas de caballería que consiguieron replegar en desorden a los pictos; cundiendo el pánico, se perdió la unidad del ejército picto, provocando la huida hacia los bosques. Algunos grupos intentaron una carga suicida, pero no sirvió de mucho; los romanos aprovecharon esta huida para causar una matanza contra el enemigo. Tácito da unas cifras exageradas (10.000 bajas pictas frente a 360 romanas); pero en cualquier caso, parece un hecho que la conquista romana de Britania, a lo largo de varios años, supuso una auténtica debacle demográfica para la población autóctona. Según las estimaciones de Mattingly (2007, 93), se calculan entre 100.000-250.000 nativos muertos para una población total que no llegaría a los dos millones.

 

Interpretación de las fases de la batalla según Brendan Barry (imagen de https://alchetron.com/cdn/battle-of-mons-graupius-84a724a2-a22f-4214-a2ee-69986428ae4-resize-750.png)

En cualquier caso, una victoria romana tan importante indicaba que podría efectuarse la anexión de Escocia en el Imperio, y de hecho, Agrícola avanzó posiciones hasta el fuerte de Cawdor, la posición romana más septentrional de la isla, a lo que podría seguir la romanización con fundación de colonias y construcción de calzadas. Sin embargo, Julio Agrícola fue llamado a Roma por Domiciano, preocupado por los costes de la campaña, y sobre todo por la popularidad del general; de hecho cuando Agrícola falleció en el 93 se sospechó de su asesinato por el emperador (Dión Casio le acusa directamente). Los 25.000 hombres desplegados en Caledonia fueron transferidos a la Galia y el Rin, lo que permitió a los pictos reagruparse y recuperar terreno perdido. Terminó así la única oportunidad romana de ocupar toda la isla, pues los intentos de Septimio Severo entre 208-211 por acabar con las guerrillas pictas con su fuerza de 40.000 hombres terminaron en fracaso, y la frontera se estableció definitivamente en el muro de Adriano hasta su abandono en el siglo IV.

Para finalizar dejamos aquí las palabras que Tácito (Agr., 30, 3-4) puso en boca de Calgaco, como parte de un discurso de ánimo para las tropas pictas, y que sin duda forma parte de ese ideario de libertad y resistencia contra el opresor tan útil en los discursos nacionalistas, pues sin duda ayudó a Reino Unido, y Escocia en particular, a darse identidad propia:

“Pero tras nosotros no existe raza humana, sino olas y rocas y, más hostiles que éstas, los romanos, cuya soberbia en vano se evita con la obediencia y el sometimiento. Saqueadores del mundo, cuando les faltan tierras para su sistemático pillaje, dirigen sus ojos escrutadores al mar. Si el enemigo es rico, se muestran codiciosos; si es pobre, despóticos; ni el Oriente ni el Occidente han conseguido saciarlos; son los únicos que codician con igual ansia las riquezas y la pobreza. A robar, asesinar y asaltar llaman con falso nombre imperio, y paz al sembrar la desolación”[1].


Fragmento del friso procesional de William Brassey Hole (1897), que decora el gran salón del Scottish National Portrait Gallery (Edimburgo), y donde destacan las tres figuras centrales de Agrícola, Tácito y Calgaco (imagen completa en https://www.nationalgalleries.org/sites/default/files/product_images/Processional%20Frieze%20by%20William%20Brassey%20Hole%20art%20print.jpg)

Fuentes:

Dión Casio: Historia Romana.

Tácito: Agrícola.

Bibliografía: 

Campbell, D. B. (2010): Mons Graupius, AD 83. Rome's Battle at the Edge of the World, London, Osprey Publishing. 

Forder, S. (2019): The Romans in Scotland and the Battle of the Mons Graupius, -, Amberley Publishing.

Hanson, W. S. (2003): "The Roman Presence. Brief Interludes", en Edwards, K. J. y Ralston, I. B. M. (eds.), Scotland After the Ice Age. Environment, Archaeology and History, 8000 BC - AD 1000, Edinburgh, Edinburgh University Press, 195-216.

Mattingly, D. J. (2007): An Imperial Possession. Britain in the Roman Empire, 54 BC - AD 409, London, Allen Lane.

McHardy, S (2011): A New History of the Picts, Edinburgh, Luath Press.



[1] Sed nulla iam ultra gens, nihil nisi fluctus ac saxa, et infestiores Romani, quorum superbiam frustra per obsequium ac modestiam effugias. Raptores orbis, postquam cuncta vastantibus defuere terrae, mare scrutantur: si locuples hostis est, avari, si pauper, ambitiosi, quos non Oriens, non Occidens satiaverit: soli omnium opes atque inopiam pari adfectu concupiscunt. Auferre trucidare rapere falsis nominibus imperium, atque ubi solitudinem faciunt, pacem appellant.

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