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De esclava bacante a matrona modelo

 

Todo el mundo ha oído hablar alguna vez de las Bacanales, aunque de ellas se tenga una imagen un tanto distorsionada y siempre tendente a la mera orgía etílica y sexual. Hasta el diccionario de la Real Academia Española mantiene esta idea en sus definiciones:

Bacanal: 1. Dicho de ciertas fiestas de la Antigüedad: Celebradas en honor del dios Baco. 2. Perteneciente o relativo al dios Baco. 3. Orgía con mucho desorden y tumulto.

Orgía: 1. Reunión de personas en la que se practica sexo sin moderación y, generalmente, se consume alcohol y otros estimulantes. 2. Exceso o gran abundancia de algo.

 

Óleo, 1889. Fragmento de la obra “Procesión báquica, con ménades danzantes y músicos”, de Lawrence Alma Tadema. Conservado en el Kunsthalle de Hamburgo (imagen de https://historia.nationalgeographic.com.es/medio/2013/05/14/album_alb1788970_2000x1367.jpg)
 

Dicha imagen no es actual, pero sí cuenta con una larga tradición formada en una idea “romántica” y falta de investigación muy típica en el s. XIX, y que en cierto modo bebe de la iconografía pagana que se ha conservado, aunque sin entender muy bien su mensaje y con más interés en mostrarla como un modelo decadente e inadecuado que no se debe seguir.

 

Mármol (ca. 140-160 d.C.), 204 x 510 x 66 cm. Sarcófago con escena de una bacanal, perteneciente a la Colección Farnese y conservado desde 1870 en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles (imagen de http://ancientrome.ru/art/artwork/sculp/rom/headstone/sc0197.jpg)
 

Quizás el gran público interesado en programas culturales tenga una imagen más reciente sobre las bacanales gracias a la serie-documental de Movistar “El corazón del Imperio”, en la que se recuerda el nombre de una mujer en particular vinculada a estos rituales: Hispala Fecenia. Esta mujer, de la que tenemos noticia, es uno de los personajes olvidados por la historiografía y la memoria colectiva, casi siempre volcada en el relato de grandes episodios políticos y militares, protagonizados en su mayoría por varones de la élite social. Para aquellos que no hayan visto ese capítulo de la serie o quieran profundizar en el conocimiento de Hispala, desde Salve, Qvirites tratamos un poco su relato histórico, iniciando así una nueva sección, sin duda llena de futuras e interesantes publicaciones 😉.

Nos ubicamos en la colina Aventino durante el s. II a.C., en torno al año 191. Allí vive Hispala[1], quien sin duda ha tenido una vida terrible como esclava forzada a la prostitución[2], y a pesar de alcanzar la libertad mediante manumisión tras la muerte de su dueño[3], siguió ejerciendo como prostituta (o cortesana en el vocabulario suave). En un momento determinado, entró en contacto con un joven llamado Publio Ebucio, quien sin duda buscaba sus servicios, aunque ambos terminaron siendo amantes; Hispala debía de estar profundamente enamorada y segura de su relación, pues llegó incluso a nombrar a Ebucio como su único heredero.

Ebucio era un miembro de los equites; su rango (ordo equester) le venía por ser hijo de un combatiente de la caballería caído en combate contra las tropas de Aníbal. Sin padre, Ebucio quedó bajo la tutela de su madre, Duronia, hasta que ella se desposó con Tito Sempronio Rútilo, otro caballero que tomó en posesión la herencia de Ebucio. Lógicamente, y según se acercaba su mayoría de edad, el conflicto por la herencia parecía asegurado, y para reducir la tensión, Duronia pensó en fortalecer vínculos con su hijo iniciándole en el culto a Baco, cumpliendo así una promesa hecha al dios por haber salvado la vida del pequeño cuando cayó enfermo. Sin embargo, cuando Hispala supo que Ebucio acudiría durante varias noches a las Bacanales[4], cundió en ella el pánico; incluso llegó a revelarle un secreto: en su anterior vida como esclava, su dueño/a había iniciado a Hispala en los ritos báquicos, y para ella representaban una enorme bajeza moral, máxime si los afrontaba un varón de la élite social. La ecuación parecía tener sentido: si Ebucio asistía a las Bacanales, su reputación pública se haría añicos, perdiendo todos sus bienes a favor de Duronia y Rútilo. Las sospechas de Hispala se confirmaron cuando Ebucio dijo a su madre que no asistiría a los rituales de Baco, tras lo cual fue echado de casa[5].

Refugiado en el hogar de su tía paterna, una respetable mujer de nombre Ebucia, se le aconsejó que denunciase el caso ante el cónsul Espurio Postumio Albino. Aunque había alcanzado la máxima magistratura, Albino era un patricio con una mancha de deshonor en su familia[6], y consideró que el relato de Ebucio contra las Bacanales sería una oportunidad perfecta para recuperar la dignidad, como así le confirmó su suegra, la intachable Sulpicia.

Primero se reunió con Ebucia, y a continuación con Hispala. Tito Livio, que a veces se mueve entre la veracidad de los hechos y la belleza del lenguaje, describe el momento de una forma dramática y grandilocuente: Hispala se debate entre la obediencia a la máxima autoridad de Roma y su juramento de guardar silencio sobre las Bacanales, cuya ruptura implicaría el castigo divino. Tras prometerle protección, Hispala confesó ante Albino.

 

Fresco, ca. 1880. “La liberta Fecenia Hispala denuncia la asociación de las Bacanales”, de Cesare Maccari. Perteneciente a la colección del Palacio de Justicia y conservado en la Corte Suprema di Cassazione, Roma (imagen de https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/c/c0/Cesare_Maccari_-_La_liberta_Fenenia_Ispala_denuncia_l'associazione_dei_Baccanali.jpg/1280px-Cesare_Maccari_-_La_liberta_Fenenia_Ispala_denuncia_l'associazione_dei_Baccanali.jpg)
 

Los rituales se celebraban tres veces al año[7], y en origen estaban reservados exclusivamente a las mujeres, hasta que una sacerdotisa de Campania, llamada Annia Pacula, inició a sus propios hijos[8] por inspiración divina y multiplicó las ceremonias a cinco por mes, pero siempre de noche. Este fragmento de Livio es muy elocuente:

Desde que los ritos eran promiscuos y se mezclaban hombres y mujeres, no había delito ni inmoralidad que no se hubiera perpetrado allí; eran más numerosas las prácticas vergonzosas entre hombres que entre hombres y mujeres. Los reacios a someterse al ultraje eran inmolados como víctimas. Los hombres, como posesos, hacían vaticinios entre frenéticas contorsiones corporales; las matronas, ataviadas como bacantes, con el cabello suelto, corrían hasta el Tíber con antorchas encendidas y las sacaban del agua con las llamas intactas porque contenían azufre vivo y cal. Era una multitud muy numerosa, y entre ellos algunos hombres y mujeres de la nobleza.

Los lectores habrán notado las palabras en negrita que hemos querido resaltar, y que son precisamente aquellas que más alarma despertaron entre los aristócratas romanos:

  1. Prácticas vergonzosas entre hombres: en esencia, Livio nos está hablando de sodomía, sin ningún problema para los romanos siempre y cuando no fueses la parte pasiva en la relación. Pero más allá de esto, se está hablando de un delito de estupro, es decir, una profanación sexual perpetrada sobre cuerpos amparados o protegidos por el Derecho[9].  
  2. Inmolación como víctimas: directamente se nos habla del asesinato de todos los reacios a las Bacanales, ofrendados como sacrificios para Baco. 
  3. Vaticinios: no es que la religión romana fuese reacia a los mensajes divinos a través de prodigios y vaticinios, siempre y cuando se realizasen de una forma oficial, por los cultos y sacerdocios permitidos por el Estado. 
  4. Ataviadas como bacantes y llamas intactas: las mujeres desinhibidas de las Bacanales son todo lo opuesto al modelo de matrona romana (quieta, callada, sosegada, virtuosa…), y además realizan actos más propios de brujas y hechiceras. 
  5. Hombres y mujeres de la nobleza: sin duda esto representaba el mayor de los peligros para la élite defensora de la tradición y los valores republicanos, pues las nuevas generaciones amenazaban con ser influenciadas por nuevos valores en ritos secretos que escapaban al control del poder establecido y amenazando con crear un “Estado dentro del Estado”.

Postumio actuó de inmediato exponiendo el caso ante el Senado, y los senadores, aterrorizados, le solicitaron a él y a su colega, Quinto Marcio Filipo, que investigaran las Bacanales; de seguro a muchos patricios no les gustaría saber que a sus hijos, perdonen la expresión, les estaban “dando por culo”, que la noche es oscura y alberga horrores. Tras cinco años de indagaciones, las conclusiones eran terribles: transgresión de las leyes civiles, religiosas y morales, fomento de la sodomía, estafa, falsificación y asesinato, y posibilidad de conspiración contra la República. Como resultado, se aprobó inmediatamente un Senatus Consultum de Bacchanalibus en el 186 a.C.; en el decreto senatorial se hablaba de una conjura perpetrada por seguidores de un culto extranjero, siendo las mujeres el principal “origen del mal” que corrompía y afeminaba a los hombres, y se cifró a los implicados en unos 7000 solo en Roma[10]. Las medidas a tomar, anunciadas por el propio Albino ante la asamblea de ciudadanos, fueron las siguientes:

  • Se ofrecieron recompensas para quienes delatasen a los adeptos de Baco. 
  • Los sospechosos serían citados a declarar, y quienes se negasen pasarían a ser considerados rebeldes. 
  • Todos los que profanaron sus cuerpos fueron presos de pena capital, ejecutada públicamente; en el caso de las mujeres vinculadas a un padre, marido o tutor, fueron entregadas a sus familias para ser eliminadas discretamente, en el seno del hogar. Si creemos a Livio, seis mil personas (de las siete mil detenidas[11]) fueron ejecutadas.
  • Las Bacanales pasaron a estar bajo control de los pontífices.
  • Obligatoriedad en solicitar permiso previo para la celebración de bacanales, so pena de muerte. 
  • Veto para el acceso masculino al sacerdocio de Baco y restricción de las reuniones a un máximo de dos hombres y tres mujeres. 

 

Siglo II d.C. Interior del templo de Baco en Baalbek, Líbano, (imagen de https://historia.nationalgeographic.com.es/medio/2013/05/14/xkh_232083_2000x1500.jpg)

Según acredita el Plebiscitum de P. Aebutio et de Faecenia Hispala (Liv. XXXIX, 19, 3-6), Ebucio e Hispala recibieron cada uno por su colaboración 100 mil ases de bronce (suficiente para favorecer su ingreso en el orden senatorial) tomados del tesoro público. En el caso de Ebucio, obtuvo una vacatio ecuestris militae, es decir, una distinción propia de los veteranos (como si ya hubiese servido en la milicia) que le confería 10 años de ventaja sobre los demás jóvenes de su clase para acceder a una magistratura[12], así como el derecho de no servir en el ejército contra su voluntad ni que el censor le asignase el caballo público; por otro lado, Hispala obtuvo los siguientes privilegios:

  1. Gentis Enuptio: derecho a casarse con un ingenuus de otra gens sin que implicase vergüenza social para el posible marido.  
  2. Optio tutoris: derecho a elegir el tutor que preceptivamente debía tener toda mujer para autorizar su matrimonio. 
  3. Datio y deminutio: derecho a disponer libremente de sus bienes sin depender del tutor. 
  4. Ingenuo nubere: derecho a que su descendencia fuese considerada legítima.

Todo esto otorgaba a Hispala la condición de matrona romana nacida libre, pero con una mayor independencia que la media, una situación inmejorable que una mujer de la época difícilmente podría rechazar. Varios investigadores han cuestionado la veracidad de estos privilegios, como Mommsen, quien aseguró que la gentis enuptio era un caso excepcional porque implicaba que una mujer sui iuris podría casarse fuera de su propia gens, acto que hubiese requerido la aprobación de los tutores, un acto legislativo, voto popular o equivalente; para otros en cambio demuestra que los matrimonios entre nacidos libres y libertos eran válidos, aunque reprobados por las costumbres sociales.

Pero, ¿eran ciertas todas las acusaciones descritas por Livio? Resulta extremadamente difícil afirmarlo, teniendo en cuenta que es Livio la única fuente que describe este suceso, y además sobre un rito mistérico que, por su propia naturaleza, no ofrecía detalles sobre su modus operandi a la esfera pública; como máximo tenemos las referencias que nos proporciona Plauto en sus comedias, donde las Bacanales son descritas como una secta criminal y violenta. Lo poco que sabemos sobre las Bacanales o Misterios Dionisíacos (homólogo griego) es que se usaba la música, la danza y algunos alucinógenos como catalizadores de un trance que permitiría a los usuarios tornar a un estado natural, incluyéndose las procesiones nocturnas a la luz de antorchas, libaciones y bailes espasmódicos.

Las declaraciones de una presionada Hispala, a falta de más pruebas o testigos para certificar su veracidad, perfectamente podrían haber sido un montaje político que justificase la persecución. Tampoco hay forma de demostrar dicho montaje, pero la motivación política existía, y el decreto contra las Bacanales del 186 a.C. no fue el pistoletazo de salida de la preocupación senatorial. Como consecuencia del terror y la desmoralización generados por las sucesivas victorias de Aníbal en Italia, la población rural refugiada en Roma se volcó desesperada hacia los cultos extranjeros, y allí, especialmente en la colina plebeya del Aventino[13], prosperaron. A esto se suma que la mortalidad catastrófica y el esfuerzo activo causados por la Segunda Guerra Púnica en la población masculina devino en cierta autonomía por parte de las mujeres, que debían administrar los bienes del hogar y ejercer autoridad sobre los hijos mientras sus esposos y padres permanecían en el frente o morían en combate[14]. Y por si esto no fuera suficiente, las Bacanales gozaban de un gran apoyo popular, sobre todo entre las clases bajas y los marginados[15], porque tenían un carácter igualador y creaban sensación de libertad, invirtiéndose los roles sociales, y ese era el mayor temor de las autoridades romanas, que jóvenes patricios y caballeros estuviesen a la par con plebeyos, libertos y esclavos, resquebrajándose así los tres pilares de la moral tradicional: Virtus[16], Pietas[17] y Fides[18]. Más tarde o más pronto, algún plebeyo podría tomar conciencia de que no había diferencia entre ambos y que los poderosos no merecían la posición que ocupaban.

 

Apéndices:

Ofrecemos aquí el texto íntegro en latín y su traducción al castellano del decreto contra las Bacanales[19], afortunadamente conservado:

 

Bronce, 186 a.C. Tabula aenea del decreto, descubierta en 1640 en Tiriolo (Calabria), hoy conservada en el Kunsthistorische Museum de Viena (imagen de  https://i0.wp.com/ff.classics.si/wp-content/uploads/2017/02/r15-080-senatus-cons-de-bacch.jpg?ssl=1)
 

Transcripción del texto legal en latín[20]:

(1) [Q(uintus)] Marcius L(uci) f(ilius), S(purius) Postumius L(uci) f(ilius) co(n)s(ules) senatum consoluerunt n(onis) Octob(ribus), apud aedem (2) Duelonai. Sc(ribundo) arf(uerunt) M(arcus) Claudi(us) M(arci) f(ilius), L(ucius) Valeri(us) P(ubli) f(ilius), Q(uintus) Minuci(us) C(ai) f(ilius)

De Bacanalibus quei foideratei (3) esent, ita exdeicendum censuere:

«Neiquis eorum [B]acanal habuise velet. seiques (4) esent, quei sibei deicerent necesus ese Bacanal habere, eeis utei ad pr(aitorem) urbanum (5) Romam venirent, deque eeis rebus, ubei eorum v[e]r[b]a audita esent, utei senatus (6) noster decerneret, dum ne minus senator[i]bus C adesent, [quom e]a res cosoleretur. (7) Bacas vir nequis adiese velet ceivis Romanus neve nominus Latini neve socium (8) quisquam, nisei pr(aitorem) urbanum adiesent, isque [d]e senatuos sententiad, dum ne (9) minus senatoribus C adesent, quom ea res cosoleretur, iousisent.

Ce[n]suere.

(10)| sacerdos nequis uir eset. Magister neque uir neque mulier quisquam eset. (11) neve pecuniam quisquam eorum comoine[m h]abuise velet. Neve magistratum, (12) neve pro magistratu[d], neque virum [neque mul]ierem qui[s]quam fecise velet. (13) Neve post hac inter sed conioura[se nev]e comvovise neve conspondise (14) neve conpromesise velet, neve quisquam fidem inter sed dedise velet. (15) Sacra in [o]quoltod ne quisquam fecise velet. Neve in poplicod neve in (16) preivatod neve exstrad urbem sacra quisquam fecise velet, nisei (17) pr(aitorem) urbanum adieset, isque de senatuos sententiad, dum ne minus (18) senatoribus C adesent, quom ea res cosoleretur, iousisent.

Censuere.

(19) Homines plous V oinvorsei virei atque mulieres sacra ne quisquam (20) fecise velet, neve inter ibei virei plous duobus, mulieribus plous tribus (21) arfuise velent, nisei de pr(aitoris) urbani senatuosque sententiad, utei suprad (22) scriptum est.»

Haice utei in coventionid exdeicatis ne minus trinum (23) noundinum, senatuosque sententiam utei scientes esetis, eorum (24) sententia ita fuit: «Sei ques esent, quei arvorsum ead fecisent, quam suprad (25) scriptum est, eeis rem caputalem faciendam censuere». atque utei (26) hoce in tabolam ahenam inceideretis, ita senatus aiquom censuit, (27) uteique eam figier ioubeatis, ubei facilumed gnoscier potisit. Atque (28) utei ea Bacanalia, sei qua sunt, exstrad quam sei quid ibei sacri est, (29) ita utei suprad scriptum est, in diebus X, quibus vobeis tabelai datai (30) erunt, faciatis utei dismota sient.

In agro Teurano.

 

Traducción

Quinto Marcio, hijo de Lucio, y Espurio Postumio, hijo de Lucio, consultaron al Senado en las nonas de Octubre, junto al templo de Bellona. Marco Claudio, hijo de Marco, Lucio Valerio, hijo de Publio, y Quinto Minucio, hijo de Cayo, estuvieron presentes en el acto de redacción y escritura. Sobre las Bacanales de aquellos que fuesen federados, así se votó determinar:

Nadie de ellos puede celebrar Bacanales. Si hubiese algunos que dijesen que les era necesario celebrar estas fiestas Bacanales, que vengan ellos a Roma ante el pretor urbano, y que nuestro senado decida sobre ello una vez que haya escuchado sus palabras, y siempre que no menos de cien senadores estén presentes cuando este asunto sea discutido. Ningún hombre sea bacante, ni un ciudadano romano, ni ninguno de los de nombre latino, ni ninguno de los otros aliados, sin que haya venido antes ante el pretor urbano y éste, de acuerdo a la sentencia del senado, lo haya concedido, una vez haya sido discutido ese asunto y siempre que no haya menos de cien senadores presentes en este acto.

Se vota.

Que nadie ejerza la función de sacerdote; que nadie, ya sea hombre o ya sea mujer, sea maestro de ceremonias. Que nadie recaude dinero común; que nadie, ya sea hombre, ya sea mujer, sea magistrado o haga de magistrado; que nadie conspire, que nadie se reúna, ni se comprometa, ni haga pactos; que nadie celebre ritos en oculto. Ni en lugar público ni en privado, ni siquiera fuera de la ciudad, podrá llevarse a cabo rito alguno, a no ser que previamente se hayan personado ante el pretor urbano que junto al Senado podrá dictaminar sobre ello, y siempre que estuvieran presentes no menos de cien senadores cuando este asunto sea tratado.

Se vota.

Nadie en grupos de más de cinco personas juntas, hombres y mujeres, puede celebrar ritos, ni puede haber entre ellos más de dos hombres y más de tres mujeres, excepto con la sanción del pretor urbano y del senado, como se ha escrito antes.

Esto se proclama en asamblea y es sancionado por el Senado, que en no menos de tres nundinas, para los que fueran conocedores, la condena sea así: “Si hay alguien que actúa de manera contraria a lo que está escrito arriba, será condenados a la pena capital”; y además el Senado decreta que esto sea inciso en una tabla de bronce y ordena que sea fijada esta tabla donde se pueda conocer más fácilmente. Se falla que hagáis que las cofradías de la Bacanales, si las hay, excepto en lo que haya de sagrado, tal como está escrito anteriormente, se disuelvan en diez días desde que esta tabla sea entregada.

En el campo Teurano.

 

Fuentes:

Plauto: Comedias (Gorgojo, El ladino cartaginés, Tres monedas, Truculento…).

Polibio: Historia.

Tito Livio: Historia de Roma desde su fundación.

Bibliografía:

Bayet, J. (1969): Histoire politique et psychologique de la religion romaine, Paris, Payot.

Burket, W. (1992): Les cultes à mystères dans l’Antiquité, Paris, Les Belles Lettres.

Castillo, A. del (1996): “Notas sobre los privilegios concedidos a Publio Ebucio y Fecenia Híspala”, L’Antiquité Classique, 65, 71-80.

Cid López, R. M. (2007): “Desviaciones religiosas y violencia contra las mujeres en la Roma antigua. El episodio de Bacchanalia”, en Molas i Font, M. D. (coord.), Violencia deliberada. Las raíces de la violencia patriarcal, Barcelona, Icaria, 135-150.

Fernández Vega, P. A. (2018): Bacanales. El mito, el sexo y la caza de brujas, Madrid, Siglo XXI.

Marcos Casquero, M. A. (2004): “Plauto y el dios de la libertad y del vino. Líber-Dioniso-Baco”, Minerva, 17, 103-124.

Nousek, D. L. (2010): “Echoes of Cicero in Livy’s Bacchanalian Narrative (39.8-19)”, The Classical Quarterly, 60, 1, 156-166.

Pailler, J-M. (2005): “Les Bacchanales. Du scandale domestique à l’affaire d’État et au modèle pour les temps à venir (Rome, 186 av. J.-C.)”, Politix, 3, 71, 39-59.

Pérez Negre, J. (1998): “Esclavas, semilibres y libertas en época imperial. Aspecto sociojurídico”, en Noguera Borel, A. y Alfaro Giner, C., Actas del primer seminario de estudios sobre la mujer en la antigüedad, Valencia, Universitat de València, 137-160.

Robert, J-N. (1999): Eros romano. Sexo y moral en la Roma antigua, Madrid, Complutense.

Schmitt Pantel, P. et alii (2006): Historia de las mujeres en Occidente, I, La antigüedad, Madrid, Taurus.

Smethurst, S. E. (1950): “Women in Livy’s ‘History’”, Greece and Rome, 19, 56, 80-87.

Vallejo Pérez, G. (2015): “El consumo del vino en el mundo romano”, Anuario de la Facultad de Derecho (Universidad de Alcalá), 7, 211-226.



[1] El nombre podría ofrecernos una pista de su procedencia, tal vez siendo originaria de Hispania en general o de Hispalis (Sevilla) en particular.

[2] Tito Livio se refiere a ella como scortum nobile libertina o “acompañante noble libertina”.

[3] Ignoramos si fue por decisión testamentaria o comprando la manumisión con sus ahorros. Las versiones difieren, y hasta se la hace esclava de Annia Pacula, sacerdotisa de gran interés en esta publicación.

[4] Llevaba preparándose durante varios días, recurriendo a la abstinencia sexual.

[5] Se suele considerar que el joven Ebucio tenía en aquel entonces unos 17 años.

[6] Su padre había sido derrotado por los galos de forma humillante.

[7] Las primeras lunas llenas de enero y marzo, y también a mediados de marzo.

[8] Los jóvenes debían ser menores de 20 años porque así eran más permeables a las influencias de Baco.

[9] A los romanos no les importaba el género en una relación sexual, sino la condición jurídica; así pues, no se aprobaba mantener relaciones con menores, con mujeres vinculadas a otros ciudadanos romanos, o que un liberto o esclavo fuese la parte activa en una relación con un patricio, por ejemplo.

[10] La represión fue especialmente dura en el sur de Italia, es decir, la tradicional Magna Grecia, el lugar más propicio para la expansión de influencias y cultos extranjeros, sobre todo griegos, pero también donde las lealtades a Roma fueron bastante ambiguas durante la presencia de las tropas de Aníbal.

[11] Se ignora el destino de Annia Pacula, pero su hijo Minio Cerrino fue desterrado a Ardea. También fueron arrestados líderes plebeyos como Marco y Cayo Atinio y el falerio Lucio Opiterio, entre otros.

[12] Según detalla Polibio (VI, 19, 4), nadie podía ser investido de magistratura sin haber cumplido diez años íntegros de servicio militar.

[13] En especial el bosque de Estímula (identificada con la griega Semele), entre los pies de la colina y la puerta Trigémina.

[14] Prueba de este escenario lo acredita la manifestación de mujeres del 195 a.C. que pedía la derogación de la Lex Opia, la cual restringía el uso público de vestimenta de lujo, joyería y carruajes a las mujeres.

[15] Aquellos con levitas animi, o mentes volubles, como se solía decir.

[16] La virtud asociada con la valentía, pero también con la justicia, la prudencia y la templanza).

[17] Sentido de la fe.

[18] Lealtad.

[19] CIL X, 104 = CIL I, 581 = AE 2000, 25 = AE 2005, 120 = AE 2005, 121 = AE 2006, 21.

[20] Los números entre paréntesis marcan la línea del texto en la tabla de bronce.

¿Dientes de nieve? Dientes comprados

 

A falta de conocimientos y técnicas modernos, una boca y dientes sanos eran siempre los mejores indicioa de salud en un cuerpo humano sin poder abrirlo para ver su interior[1]; ¿acaso no viene a la memoria de los lectores novelas o películas en las que, antes de la venta de un esclavo, el posible comprador examina sus dientes?

No existía, que sepamos, una profesión oficial de dentista, pero determinados especialistas englobados dentro del campo de la cirugía y la medicina emplearon medios rudimentarios que podían cumplir con esta labor, ya fuese solucionando un problema bucal o minimizando sus efectos. Fueron Hipócrates y Aristóteles los primeros en idear protocolos higiénicos y procedimientos de esterilización mediante el empleo de alambres calientes para tratar algunas enfermedades dentales y tejidos orales, e incluso describen cómo sustituir dientes perdidos, estabilizar los que se movían o la extracción como solución final.

Galeno fue el primero en reconocer que el dolor dental podría ser consecuencia de una pulpitis (inflamación de la pulpa) o pericementitis (inflamación de la raíz); también fijó una clasificación de los dientes en centrales, cúspides y molares, y en opinión de algunos autores se le atribuye una limpieza dental con piedras abrasivas tras las comidas. Por otro lado, Celso describió con precisión el instrumental quirúrgico de la época, y en ese compendio se menciona al tenaculum, usado para extraer las raíces de los dientes. También ofrecía recomendaciones, como intentar utilizar métodos alternativos en caso de un diente en mal estado y no apresurarse en su extracción; de hecho, si la pieza en cuestión estaba tan mal que incluso presentaba orificios, recomendaba rellenar los huecos para que ésta no se rompiese al extraerla, así como limar las coronas fracturadas y reposicionarlas. Pero no debemos olvidar que en muchas civilizaciones antiguas (y los romanos no fueron una excepción) la medicina también se combinaba ocasionalmente con la magia y la superstición, surgiendo remedios sin duda originales; a modo de ejemplo, Plinio el Viejo ofrece una cura contra el dolor de muelas basada en localizar una rana a la luz de la luna llena, mantener su boca abierta, escupirle dentro (pobre rana) y recitar una fórmula mágica (¿sana, sana, boquita de rana?).

 

Mosaico (ss. ?). Representación de una mujer anciana con aspecto grotesco y una dentadura "peculiar" (tal vez máscara de teatro). Conservado en el Museo Arqueológico de Cataluña, Barcelona (imagen de http://www.romanheritage.com/fr/contenido/?iddoc=14720)

¿Qué ideas ingeniaron los romanos para la limpieza bucal tras las comidas?

  • Dentiscalpium: es decir, el uso de un simple palillo de madera como mondadientes, o en otros casos una pluma o astilla de otro material que se pudiese obtener y utilizar con facilidad. Para Marcial (XIV, 22), el de lentisco “es lo mejor, pero si no tienes un trozo de madera puntiagudo, una pluma puede aliviar tus dientes”[2]. Curiosamente, el látex que contiene el lentisco servía para elaborar almáciga, una suerte de goma aromática precursora del chicle. 
 
Pistacia lentiscus, conocido como lentisco, un arbusto con fuerte olor a resina y cuyo ambiente natural son los matorrales secos y pedregosos de la Europa mediterránea, norte de África y Próximo Oriente. En la antigüedad también podía utilizarse para elaborar barnices y aromatizar licores (imagen de https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiKVirZOTpGMgJZBqPPlcBz-ejkaHobzXtZgBJwP3EvKl46lSH_Tqi30U7c8i3dbc1mAAPmYoBcxh5ENfzFl8HjbfdB1x1WzEzC_kTbDmFPRV6t-ausKbs7gCPAyJqZwzzytaG8t0RI_QE/s1600/P7231664.JPG)

  • Enjuagues para el dolor: es Plinio el Viejo (NH, XXVIII, 14, 56) quien recomendaba enjuagarse la boca con agua fría por las mañanas un número de veces impar para mitigar el dolor dental[3]. 
  • Pasta dentífrica: esta versión primitiva de pasta se elaboraba con una mezcla de polvo de piedra pómez, vinagre, miel y sal; su invención la atribuye Dioscórides Anazarbeo[4] al médico Escribonio Largo[5], y su principal cometido era “arrastrar” los restos de comida que quedasen entre los dientes[6]. 
  • Camuflaje para el mal aliento: dados los precarios cuidados bucales de la antigüedad (en comparación con los actuales), combinados con ocasionales digestiones pesadas, algunos autores ofrecen recomendaciones para disimular el mal aliento. Por ejemplo, Plinio el Viejo (NH, XXVIII, 14, 56) sugería enjuagues con vino por las noches antes de dormir[7], mientras que Marcial (V, 4) menciona a una mujer llamada Mírtale, quien recurría a hierbas aromáticas: “Mírtale suele oler fuertemente a vino y, para disimularlo, mastica hojas de laurel y, astuta, mezcla el vino con hierbas, no con agua”. Por otro lado está Cosmo, un famoso perfumista al que Marcial (I, 87) atribuye la invención de pastillas perfumadas, aunque desconocemos su composición y el autor solo las menciona como poco efectivas:

Para disimular, Fescennia, el vino que bebiste ayer, tragas sin moderación las pastillas de Cosmus. Estas drogas blanquean los dientes, pero quedan sin efecto cuando un regüeldo remonta desde el fondo de tu abismo interior. Pero ¿qué digo yo? ¿No es mucho peor mezclar esta infección con perfumes que la hacen más fétida y proyectan tu aliento más lejos? Renuncia, pues, a engaños conocidos y a subterfugios ya descubiertos: sé borracha francamente”.

  • Blanqueamiento dental: aquel que desease presumir de unos dientes más blancos que la media, pero no tuviese acceso a las pastillas de Cosmo, podía recurrir a un medio abundante y de fácil obtención, la orina. Siendo una técnica importada de lugares como el norte de África o la Península Ibérica, parece que su éxito se debía al amoníaco que contiene este líquido de desecho. Catulo (Carm., 39), refiriéndose a un individuo de nombre Egnacio, nos dice:

Celtíbero eres: en la tierra de Celtiberia, lo que cada uno mea, con esto se suele, por la mañana, el diente y el rojo espacio de la encía frotar, así que, cuanto este vuestro diente más pulido está, tanto que tú más cantidad has bebido, predica, de orina”.

Hasta aquí se conocen los remedios más básicos y “suaves”. Sin duda el dentiscalpium, el uso de hierbas aromáticas y hasta la orina (si no se tenían prejuicios ni pudor como Catulo) debieron ser los métodos más extendidos entre la población, especialmente los plebeyos en ámbito urbano o rústico, pero el resto y los que siguen, por su complejidad en la elaboración, obtención o coste, debieron de quedar reducidos a un campo social más limitado. Respecto a estos métodos más complejos e invasivos podemos mencionar:

  • Dentaduras postizas: como la que menciona un mordaz Marcial (XII, 23) a propósito de una tal Lelia: “Dientes y cabellos –y no te da vergüenza- llevas postizos”. 
 
Vista anterolateral del cráneo de un individuo galorromano de más de 30 años (fines s. I, principios s. II d.C.). Cuenta con una pieza de metal muy corroída (hierro o acero sin alear, según el microanálisis de rayos X y microscopía electrónica de barrido) donde habría estado el segundo premolar superior derecho. Según las pruebas realizadas, esta pieza metálica habría sido plegada y martillada en caliente, lo que indica un trabajo artesanal personalizado, hasta el punto de que la radiografía retroalveolar del maxilar derecho muestran que la pared alveolar y la pseudorraíz encajan perfectamente salvo por un espacio de separación de uno a dos milímetros entre el hueso y el implante (imagen de https://www.nature.com/articles/34067)

  • Puente o prótesis de oro: gracias a una de las leyes de las XII Tablas, sabemos que algunos romanos podían tener dicha prótesis encapsulando los dientes; esa ley prohibía expresamente depositar objetos de oro en las tumbas, con la única excepción de esas prótesis doradas[8], lo que da fe de su existencia.

 

Copia de un puente etrusco a base de oro. El original se encontró en Teano, municipio de la provincia de Caserta, Campania (imagen de https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Copy_of_Roman_dental_bridge,_Europe,_1901-1930_Wellcome_L0058742.jpg)

No obstante, y pese al ingenio de estas soluciones dentales, lo más probable es que su mantenimiento fuese terrible, con dolores derivados de la movilidad por desgaste, causando malos olores por una limpieza deficiente… además de resultar poco estéticas a la vista.

Debemos ser comedidos a la hora de afirmar con rotundidad nuestra superioridad en cuanto a salud dental en comparación con las culturas antiguas. Sin realizar afirmaciones categóricas y teniendo en cuenta posibles excepciones, la arqueología nos revela datos fascinantes, y no hay mejor lugar para estudiar la vida cotidiana de la antigua Roma que Pompeya y Herculano; los últimos estudios en estos yacimientos parecen revelar que sus habitantes gozaban de una salud dental mejor que la nuestra, y no por técnicas de higiene desarrolladas, sino porque en su dieta los dulces casi brillaban por su ausencia. Esta afirmación ha caído lentamente en el mito a la luz de nuevas investigaciones; en su estudio doctoral “Resurrecting Pompeii”, Estelle Lazer nos ofrece revelaciones muy interesantes, pues en muchas dentaduras apreció un desgaste considerable como consecuencia de los restos de arena presentes en el pan (por la fricción de las piedras de molino), mientras que en otras se apreciaban enfermedades de las encías y abscesos derivados de caries.

Semejantes datos arqueológicos concuerdan con nuestra afirmación inicial: la mayoría de la población, analfabeta, carecía de los conocimientos para la limpieza bucal descritos por las fuentes literarias, las cuales estaban dirigidas a una reducida élite que, en muchos casos, seguramente ni los practicase regularmente, como se desprende de las sátiras de Marcial.

 

Relieve (ss. III-IV d.C.). Detalle de tratamiento médico (ya sea dental u ocular según las interpretaciones) en el lateral de un sarcófago de la familia Sosia en Rávena. Los objetos a ambos lados de los personajes (cuyos nombres griegos están escritos con letras latinas) son ventosas, prueba de la profesión médica que se representa (imagen de https://images.immediate.co.uk/production/volatile/sites/7/2021/03/GettyImages-122315048-62bd1cd.jpg)

 

ANEXO I

La abundancia de citas de Marcial estriba en su satírico interés por tratar los malos olores en sus epigramas. Aquí ofrecemos algunas citas:

  1. ¿Te admiras de que le huela mal la oreja a Mario? La culpa es tuya: le cuchicheas, Néstor, al oído” (III, 28). 
  2. Una tarta llevada un rato en torno de los convidados a la hora de los postres quemaba cruelmente las manos por su excesivo calor; pero la glotonería de Sabidio ardía más aún. En seguida, pues, sopló sobre ella tres o cuatro veces con todas sus fuerzas. La tarta se templó un poco y dejó de abrasar los dedos; pero nadie pudo tocarla: ¡era pura mierda!” (III, 17). 
  3. Eso de no pasar tu copa a nadie, lo haces por humanidad, Hormo, no por soberbia” (II, 15)[9]. 
  4. A unos les das besos y a otros les das, Póstumo, la mano. Me dices: ‘¿Qué prefieres? Elige’. —Prefiero la mano” (II, 21). 
  5. Era un perfume lo que hasta hace un momento contenía este pequeño frasco de ónice; después de haberlo olido Pápilo, fijaos, es garum” (II, 94).

 

Fuentes:

Catulo: Poesías completas.

Celso: Sobre la medicina.

Galeno: Sobre el arte de la curación.

Marcial: Epigramas.

Plinio el Viejo: Historia Natural.

Bibliografía:

Becker, M. J. y Turfa, J. M. (2020): The Etruscans and the History of Dentistry. The Golden Smile through the Ages, London, Routledge.

Crubzy, E. et alii. (1998): "False Teeth of the Roman World", Nature, 391, 29. 

Ferneini, E. M. et alii. (2022): The History of Maxillofacial Surgery. An Evidence Based Journey, ?, Springer.

Guerini, V. (1909): A History of Dentistry from the Most Ancient Times until the End of the Eighteenth Century, Philadelphia, Lea and Febiger.

Lazer, E. (2009): Resurrecting Pompeii, London, Routledge.

Warinner, C. et alii. (2014): “Pathogens and Host Immunity in the Ancient Human Oral Cavity”, Nature Genetics, 46, 336-344.



[1] Además de una piel limpia y pelo abundante.

[2] Lentiscus melius sed si tibi frondea cupis defueris, dentes penna levare potest.

[3] Frigida matutinis inpari numero ad cavendos dentium dolores.

[4] Médico en tiempos de Nerón.

[5] Médico personal del emperador Claudio, al que también se le atribuyen otros tratamientos dentales, como fumigaciones de semillas de belladona, esparcidas sobre las brasas, para usarlas con agua caliente para enjuagues.

[6] Esta fórmula guarda cierto parecido con una sustancia utilizada por los egipcios, de nombre “clister”, y elaborada a base de piedra pómez pulverizada, sal, pimienta, agua, uñas de buey, cáscara de huevo y mirra.

[7] Ante somnos culluere ora propter halitus.

[8] Cui auro dentes juncti erunt.

[9] Se refiere a que su mal aliento envenenaba la bebida.

Opera III: Incertum et Isodomum

Seguimos con nuestro recorrido por las técnicas constructivas romanas, tan amplias y variadas; en este tercer artículo sobre las Opera, repasamos la letra I

 

Opus Incertum: con el significado latino de “irregular”, se trata de una técnica que emplea sillares de tamaño y forma diversos para ser dispuestos como revestimiento en el muro de opus caementicium siguiendo un patrón aleatorio; para ello, dichos sillares debían contar con una parte en forma de cono o pirámide, que era la que se fijaba como un clavo en el núcleo de hormigón. Su uso se remonta al s. II a.C. (en algunos casos hasta el s. III a.C.), siendo poco a poco sustituido por el opus reticulatum hacia mediados del s. I a.C., técnica con formas más estéticas y propia de un mayor presupuesto económico. Se entiende así que el incertum, por sus formas menos "estéticas", quedase relegado en los tiempos posteriores a construcciones menores o ambientes más rústicos y/o provinciales, como edificios privados de poco voladizo o terrazas para pendientes.

Durante su existencia la técnica varió sutilmente, partiendo de una disposición de los sillares más esmerada y plana, cambiando después hacia una nivelación de la superficie del muro, la reducción del grosor de hormigón o la selección de piedras que, poco a poco tomaban formas y dimensiones más regulares. En ese punto, cuando las piedras se asemejan unas a otras y el grosor de la capa de cemento es mínimo, cuando el opus incertum se torna en un opus quasireticulatum. También podemos encontrar una variante llamada Opus Mixtum Incertum, en la que se alterna el uso de hiladas de piedras irregulares con hileras de ladrillo, si bien fue más encuentre esta técnica combinada con el opus reticulatum.

 

Ejemplos:

  • Terrazas del santuario de Júpiter Anxur[1], en el monte Sant’Angelo de Terracina (ca. 100-70 a.C.): la gran terraza sobre la que descansaba el templo se construyó para salvar el desnivel del terreno; al oeste de la misma una escalera nos lleva a tres salas abovedadas, que son antesala de unos corredores subterráneos y el criptopórtico. 
Flanco oriental de la terraza del santuario (imagen de https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/3f/TerracinaTempioGioveAnxur4.jpg)

  • Muro de vivienda en la colonia de Alba Fucens, al norte de Avezzano (comienzos s. I a.C.): ciudad fundada a finales del s. IV a.C. en territorio de los marsios.
Se aprecia perfectamente cómo las piedras irregulares revisten el núcleo de hormigón (imagen de https://live.staticflickr.com/4137/4752749677_cd8a29c834_b.jpg)

  • Muro y contrafuertes del santuario de Fortuna Primigenia en Palestrina (finales del s. II a.C.): se aprecia cómo en las esquinas de los contrafuertes el muro fue rematado con pequeños bloques de toba como refuerzo y contención. Igualmente, en algunos tramos de este muro se ha probado el uso de un cubrimiento de estuco, que daba una mayor vistosidad que el incertum.
Desde esta terraza inferior se inician dos rampas que se juntan en el centro de la terraza superior (imagen de https://live.staticflickr.com/7185/6794950242_4908e89445_z.jpg)
 

Opus Isodomum: traducido del latín como “igual altura”, también es conocido como insertum, aunque el nombre más famoso es el de Opus Quadratum Isodome. En esta técnica se empleaban bloques de piedra (sillares) cortados de forma regular, con la misma altura (y a veces la misma longitud)[2] y encuadrados perfectamente para formar un muro. En la disposición de esos sillares podían seguirse tres variantes:

  1. Modo etrusco: bloques ligeramente desiguales con discontinuidades en las juntas; se conservan ejemplos en embalses, podios de templos, sótanos… 
  2. Modo griego: bloques colocados en dos rotaciones para añadir resistencia a la estructura y asegurar que las uniones entre bloques estén centradas sobre los bloques de la fila inferior. 
  3. Modo romano: se emplea opus caementicium para soldar los sillares.

Fue un método muy utilizado en edificios públicos (templos, teatros, anfiteatros…), pero como ya hemos mencionado, no se trata de un ingenio romano. A modo de ejemplo, los griegos lo emplearon en muchas construcciones, como el Partenón. Vitrubio (II, 8) lo describe de la siguiente forma: “un muro se llama isodomum cuando todas las hileras tienen la misma altura”. Afirma también que los sillares se unían con argamasa, aunque también existía la opción de emplear grapas metálicas, fijadas con plomo fundido.  Para fortalecer este muro debía tenerse cuidado en que los extremos de los sillares en hileras alternas no coincidieran.

El isodomum completamente regular era algo raro de ver en las provincias, donde podemos localizar sillares de la misma altura, pero no de la misma longitud. También existió un Opus Pseudoisodomum, descrito por Vitrubio como un muro en el que las hileras de sillares no coinciden, sino que discurren de manera desigual, en alusión a su altura y longitud.

Dibujo esquemático que muestra la diferencia entre las técnicas isodomum y pseudoisodomum (imagen de https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Opera_Isodoma.jpg)
 

Ejemplos:

  • Podio del templo de Júpiter Óptimo Máximo en el Capitolio, Roma (s. VI a.C.)
Se aprecia en este caso tan antiguo la inexistencia de un núcleo de hormigón (fotografía propia)

  • Templo de Augusto en Pula (ca. 2 a.C. – 14 d.C.): uno de los templos mejor conservados fuera de Italia junto a la Maison Carrée, donde se aprecia muy bien la factura de opus isodomum/quadratum en la parte posterior del edificio.
Una factura impecable en este "pequeño" pero importante templo tetrástilo, con columnas corintias que alcanzan los 8 metros de altura (imagen de https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/f/f3/Temple_of_Augustus%2C_Colonia_Pietas_Iulia_Pola_Pollentia_Herculanea%2C_Histria_%2810403942986%29.jpg)

  • Muro exterior de la Crypta Balbi (época augustea): probablemente perteneciente a las estructuras del pórtico del teatro.

Una muy recomendable visita, prácticamente en solitario, de una de las cuatro sedes del Museo Nacional Romano (fotografía propia)


Fuentes:

Plinio el Viejo: Naturalis Historia.

Vitrubio: De Architectura.

Bibliografía:

Adam, J. P. (1994): Roman Building. Materials and Techniques, Bloomington, Indiana University Press.

Blake, M. E. (1947): Ancient Roman Construction in Italy from the Prehistoric Period to Augustus, Washington D.C., Carnegie Institute of Washington.

Camporeale, S. et al. (2008): Arqueología de la construcción, Madrid, CSIC.

Fulvio Giuliani, C. (1990): L’edilizia nell’antichità, Roma, NIS.

González Tascón, I. y Velázquez, I. (2004): Ingeniería romana en Hispania. Historia y técnicas constructivas, Madrid, Fundación Juanelo Turriano.

Gros, P. (1996): L’architecture romaine. Du debut du IIIe siècle av. J.-C. à la fin du Haut-Empire, 1, Les monuments publics, Paris, Picard.

Lugli, G. (1957): La tecnica edilizia romana con particolare riguardo a Roma e Lazio, 2 vols., Roma, G. Bardi.

Macaulay, D. (1974): City. A Story of Roman Planning and Construction, Boston, Houghton Mifflin Company.

MacDonald, W. L. (1965): The Architecture of the Roman Empire, New Haven, Yale University Press.

Malacrino, C. G. (2010): Constructing the Ancient World. Architectural Techniques of the Greeks and Romans, Los Angeles, J. Paul Getty Museum.

Pizzo, A. (2007-2008): “El análisis de la arquitectura romana. Cuestiones metológicas y propuesta para el estudio de los aspectos tecnológicos”, AnMurcia, 23 y 24, 75-88.

(2010): “Propuesta para la documentación y clasificación de las técnicas constructivas romanas”, Arqueología de la Arquitectura, 7, 277-286.

Wayman, E. (16/11/2011): “The Secrets of Ancient Rome’s Buildings”, en smithsonian.com



[1] Anxur era el nombre volsco de la ciudad de Terracina, así como una alusión a la divinidad Anxurus, que no era sino una representación juvenil e imberbe del Júpiter volsco.

[2] Los sillares de mayor tamaño podían alcanzar los 70 x 40 x 40 cm.

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